martes, 23 de febrero de 2010
sábado, 13 de febrero de 2010
INVITACIÓN

sábado, 6 de febrero de 2010
El lenguaje y la estructuración del trabajo científico
Dirección General de Bachillerato y Educación Terminal, Xalapa, Veracuz México
El lenguaje es punto de encuentro y divergencias entre los seres humanos, elemento identificador de identidades culturales; ámbito de confrontaciones simbólicas que encarna fusión o disgregación cultural, así denota la vida en su historia-presente; denuncia-silencia; excluye-incluye,…
A finales del siglo XX y principios del XXI, el lenguaje de la vida, enfatiza la pérdida de sentido y de libertad del ser humano, manejado en una sociedad de riesgos que escapan y descontrolan las “ordenes” tradicionales-clásicas de las instituciones sociales, en un mundo inhumano, donde las identidades desconcertantes navegan sin dirección, pero en ese navío se enfrentan entre sí; en este mar figurativo, en algunas ocasiones, el diálogo se establece, o por el contrario, no tiene cabida, es decir, el entendimiento y la paz son irreconciliables.
Cuando se escribe o se lee, se está comunicando en el pensar, en otras palabras, juzga, acepta y rechaza las pretensiones de validez, respecto a lo que se dice. El lector da cuenta cómo el sentido discursivo siempre es diferente, los tonos cambian, las estructuras se mueven constantemente; así el lenguaje connota el género y el número de quien produce la(s) tesis central(es), en cierto sentido, el juego semiótico para que el lector juegue a la vez.
Pero en el trabajo intelectual, ¿de quién se habla?, ¿cómo?, ¿con quién?, ¿cuándo?, ¿para qué? Y ¿cómo se construye?; en la vida cotidiana entablamos comunicación respecto a objetos en común, para entendernos y acordar acciones, por ello, hablar respecto a “algo” o “alguien” pertenece a un tiempo y espacio cultural, aunque esto a veces signifique exclusión.
El proceso de entendimiento en cualquier ámbito, no es sencillo porque los mensajes emitidos son interpretados como verdad o falsedad; esto es se racionalizan a partir de las experiencias del mundo vital en común, lo cual echa abajo los lenguajes axiológicamente neutros, que son admitidos, rechazados y valorados en ciertos momentos y tiempos ciegamente.
De alguna manera, el trabajo científico-social, articula las formas de vida (da sentido a la realidad, y al mismo tiempo, la limita) con la imagen de lo que somos (en plural); es decir, con él aprendemos a dar significado al mundo, a crear ideas y juzgarlas. El lenguaje en cualquier producción intelectual tiene rostros, simbologías, poder y juegos que se mueven en lo claroscuro de las finalidades de quien escribe, recibe-interpreta.
A través de los sucesos, luchas por ideales de emancipación u opresión, el trabajo científico se abre y a la vez se cierra; por ejemplo, en la actualidad: Partidos políticos y asociaciones diversas convocan actos contra el racismo y la intolerancia. La cultura democrática tiene siempre la obligación de dejar claro que el racismo y la xenofobia no pueden tener clara de legitimidad en su territorio. La convivencia civil requiere un marco común de tolerancia y respeto en el que el racismo no cabe. Una sociedad decente, como dice Arishai Margalit, es aquella que combate las condiciones que justifican quienes forman parte de ella se consideren humillados. El racismo es una forma especialmente repugante de humillación del otro. Y el racista,a menudo, es una persona que pensando salir de su humillación se convierte en verdugo. (Ramoneda 1999:10).
Por lo anterior, en esta sociedad donde impera la indiferencia, la desconfianza, la opresión y la exclusión, al habla se le demanda veracidad y correspondencia con su objeto-mundo. La multiplicidad de ópticas teóricas y metodológicas para comprender el mundo, en el ejemplo del racismo, se han cimentado en racionalidades predominantes. Sus desavenencias no son del todo visibles, de esta forma, se rebasan fronteras culturales y, se venden e insertan en contextos.
Los trabajadores intelectuales, a través de hacer comprensible la objetividad de los estudios a la otredad, dan cuenta de los objetos-sujetos-objetos, que son argumentados explícitamente (pretensiones de validez); pero en este hacer comprensible conduce a problematizar el acto mismo: ¿Se comprende la “objetividad?, y, ¿qué procesos se construyen?, ¿qué pretensiones de validez lo sostienen?, más cuando se vive en una era de “parloteo” sin sentido, donde se dice y se hace creer lo que no se sabe, y, mucho menos no se es.
La estructuración desestructurada del trabajo científico
El trabajo científico se mueve al ritmo de los vaivenes del poder (validez e intencionalidades), a las tendencias de mercado, a las demandas y ofertas de la producción nacional e internacional, así los teóricos de lo social, a través de sus pensamientos obedecen los mandatos o se resisten a ellos. Lo cual indica, por un lado, que las problemáticas societales sean mecanismos de poder intelectual entre los teóricos (competenciay/o agrupación), por otro, campos experimentales, donde se aplican “soluciones”. La estructuración de lo científico puede ser decisoria en cuanto a cómo deben dirigirse las identidades y sus comportamientos, pero también puede resultar ser discursos que se desmontan al ton ni son, como se venga en gana.
El trabajo científico formalizado en proyectos educativos, no siempre se encaminan a crear aprendizajes dialógicos, para comprender las múltiples dimensiones de la realidad (mundo-sistema-vida), sino que en ocasiones, se experimentan los pensamientos racionales de algunos autores, a través de algunas acciones que reducen y cosifican su aportación, piense en Vigostky, Habermas, hasta el mismo Freire.
En la actualidad tenemos alcance a una diversidad de interpretaciones, sobre lo que éstos intelectuales en ciertas épocas y momentos enunciaron, y que de alguna manera, movieron los cimientos de la educación y sus agentes. Es por lo enunciado que estructurar no significa destruir a los intelectuales y sus teorías, en cuanto se mata la esencia y su por qué en el mundo, pero si se dialoga y se revientan las teorías, el entendimiento es racionalizado tanto a favor del contexto, como de la condición de los sujetos sociales en su pobreza, opresión y desamparo.
Se debe aprehender a atreverse a reinventar el lenguaje, no sólo del trabajo científico, sino de todos los proyectos humanos, de la cotidianeidad de uno mismo; a evitar escapar de los riesgos y presiones de la vida, en cierta manera, a crear proyectos alternativos frente a situaciones donde se afirma que El adolescente de nuestros días carece de modelo crítico para enfrentarse a los mensajes que le llegan de los nuevos medios de comunicación. La televisión, el cine o internet están funcionando como sustitutivos de la tarea educativa más modestas económica y socialmente. Estos mensajes llenan unos espacios vacíos de transmisión filosófica, artística y espiritual, piensa Jean Michael Djian, director de Le Monde de l´Education. Es una cuestión claramente política, añade, un problema de las democracias que debe tener soluciones políticas (Martí 1998:7).
Los sistemas informacionales (núcleos de poder) en esta sociedad debilitada, alejan la posibilidad de proyectos comunicativos, de posturas y de acciones críticas en educación. Es por esto que los lenguajes se vuelven vacíos; este vacío es precisamente lo que sustituye la tarea de educar, por eso la pedagogía de las ciencias sociales representan, para algunos estudiosos, una fantasía irrealizable.
Por consiguiente, estructurar para las ciencias sociales, obliga a construir un lenguaje de acción posible, que redimensione la teoría y la práctica educativa, que conecte las luchas a las particularidades de las personas (vida individual-social); es por esta razón que, el trabajo científico-educativo, necesita ser uno de los ejes donde hombres y mujeres encuentren sentido a las luchas por la vida frente a las relaciones de poder.
Aunque como todos sabemos la mayor parte de los proyectos educativos se encuentran enmarcados por el poder y la política (expresiones de dominio y control), es importante que el deseo, los valores, la esperanza y la fe hagan un llamado por reclamar su existencia, de luchar por una forma concreta de vida que poco a poco enfrente al sujeto a esa modernización reflexiva (Beck 1998), con sentido y reencanto en la comunicación (lenguaje y acción).
¿Confianza o desconfianza en los trabajos científico-educativos?
El organizar lógicamente las teorías sociales y sus especificidades con al práctica en proyectos concretos, tomando como eje central las problemáticas educativas, es y ha sido, un trabajo intelectual de búsqueda y de resignificación por parte de sus elaboradores.
Los proyectos socioeducativos, de alguna manera, se enfrentan a diversas perspectivas paradigmáticas, principalmente cuando se tiene que optar por una o más de ellas, mediante argumentos que expliciten las razones del por qué frente a destinatarios, o bien, en situaciones que es necesario negociar con las administraciones.
En este sentido, el ejercicio intelectual realizado no conecta, en ocasiones, siempre con la realidad; es decir, por un lado tenemos teorías vs contexto, contexto vs teorías, libertad con democracia vs opresión “democrática”, igualdad-desigualdad, …, por otro lado, el autodisfrute cínico por las tendencias actuales.
En la gran mayoría de los trabajos, la capacidad “creativa” de lo llamado intelectual, como en las perspectivas postmodernas o reconstructivas, se valen de las complejidades discursivas para avanzar hacia los ritmos acelerados de lo científico, al mismo tiempo, retroceden y se estatizan.
Por decir de alguna manera, se forma bancariamente, con el conocimiento de categorías como: consciencia crítica, emancipación, igualdad, multiculturalismo, significativo, aprendizaje y acción dialógica; en este ir y venir, la dialéctica y las contradicciones propias de éstas, no poseen vida alguna, de hecho, desde la óptica categorial nunca la han tenido.
En los trabajos científicos plasmados de las llamadas “reformas educativas”, es evidente encontrar, por ejemplo, que la obediencia impuesta a través de la mentira se lleva a cabo no sólo a través de la falsa información cultural recibida, sino también a través de la omisión de hechos culturales tales como los horribles crímenes de la herencia occidental cometidos contra la humanidad para prevenir la posibilidad de mantener viva una memoria peligrosa (Macedo et al 1997:134-135).
En este sentido los trabajos científico-educativos, en la mayoría de sus proyectos, tienen en una sumisión ciega a la problemática-teórica. Desde este ángulo, las rutinas están encima de los sueños y las utopías posibles, basta asomarse por las ventanas de los centros educativos y las administraciones; por ende, la confianza que debería sembrar en lo social, se desvanece en una disconformidad y en una discontinuidad de las prácticas mismas.
La confianza-desconfianza convulsiona acorde a los riesgos del mundo, del sistema y de la vida, de tal forma, que abre espacios de búsqueda, que no hacen más que accionar compulsivamente en la incertidumbre; en otras palabras, la compulsividad nace de la angustia no dominada, en ocasiones desconocida en sus por qués, acompañada de la carencia esperanzadora, como dijera Freire, de un mundo más justo y más humano.
El trabajo científico necesita instaurar la confianza básica porque (…) es la condición para la elaboración tanto de la identidad del yo como de la identidad de las demás personas y objetos (Giddens 1997:57); ser antológicamente seguro de que los trabajos científicos plantean elementos existenciales y experenciales básicos de la vida humana, deriva en el diálogo y en la comprensión de la realidad, ante todo, de la identidad personal para accionar ante la búsqueda de un arco de los sueños y de la entrada a la esperanza (Mc Laren 1998).
Bibliografía
Beck, U. 1998. Políticas ecológicas de riesgo. La irresponsabilidad organizada. Barcelona: El Roure.
Giddens. A. 1997. Modernidad e identidad del yo. El yo y la sociedad en la época contemporánea. Barcelona:Península.
Macedo, D. 1997. Nuestra cultura común: Una pedagogía engañosa. Nuevas perspectivas críticas en educación. Barcelona: Paidós/Educador.
Martí Font, J. 1998. Los medios de comunicación sustituyen la tarea de los padres, según educadores. Barcelona: El país, 28 de agosto.
Mc Laren, P.1998. Pedagogía crítica. Resistencia cultural y la producción del deseo. Argentina.
Ramoneda, J. 1999. El racismo y la sociedad decente. Barcelona: El País, 19 de julio.
Revista Contexto Educativo No. 34 Año VI
lunes, 1 de febrero de 2010
REFLEXIONES filosóficas sobre la categoría de héroes

Héroes
Por José Guevara
A través del tiempo, la humanidad ha tenido héroes, algunos mitológicos, otros muy reales. Cabe preguntarse si todos los héroes son considerados como tales por las mismas razones. Y, desde luego, cabe preguntarse si algunos son realmente héroes o todo lo contrario.
Aplicando la ley del menor esfuerzo de pensamiento, diremos que depende de que lado estemos, es que consideremos que tal o cual individuo es un héroe. Y esta no es una cuestión trivial. No olvidemos la polémica actual en torno al terrorismo y los terroristas, donde un Ronald Reagan afirmaba (con no se qué autoridad moral) que era falso que el terrorista de unos es el héroe de otros, pues a su juicio ningún terrorista es un héroe. Habría que preguntarle, quiénes son terroristas a su juicio. Pero sería una pregunta incómoda. Podría ser él mismo considerado un terrorista, siendo que él muy cómodamente (nuevamente la ley del menor esfuerzo de pensamiento) se considera todo un héroe al haber colaborado en derrumbar “el imperio del mal”, ahora sustituido por “el eje del mal”.
Quiero referirme a aquellas personas que considero como héroes por algunas características que creo muy carentes en casi toda etapa de la historia humana. En primer lugar, son quienes no son seducidos, atemorizados ni motivados por todo aquello ante lo cual las mayorías responden tan predeciblemente. Me parece que esta característica es fundamental y creo yo, la más difícil de encontrar. Esto es, un espíritu genuino y original.
Recuerdo haber leído una parábola china en la cual un viejo y sabio maestro le indica a su único discípulo que la fama, la gloria y el dinero son siempre codiciables por todos los hombres. Sin embargo, explicaba el maestro, el deseo por el dinero es el más controlable, mientras que la ambición de fama y gloria es prácticamente la que domina a todos sin excepción. Proseguía con algunos ejemplos, en los cuales intentaba orientar al discípulo en no ser engañado por la falsa modestia ni por posturas falsas de maestros predicando austeridad y sencillez, quienes en realidad son personas dominadas por el deseo de reconocimiento y aplauso de los demás, aunque no necesariamente de dinero.
Cuando leí aquella parábola, pensé que estaba errada. Es el dinero lo que mueve a las personas. Es esa ambición materialista que domina a todos y no parece tener límites. Con el tiempo ya no estoy tan seguro, me empiezo a inclinar a pensar con el maestro chino de aquella parábola.
Me viene a la mente Sócrates, de quien se dice que nunca escribió un solo libro, ni una sola página. O Jesucristo, de quien se dice, tampoco nunca escribió nada. Y también recuerdo palabras del Rey Poeta, Nezahuacóyotl quien, aunque sí escribió, parece haber dicho algo así como “¿nada dejaré en pos de mí? Al menos cantos, al menos flores….” No me queda muy claro si con tales “cantos y flores” se refería a sus poemas y canciones, o si se refería a la felicidad de su pueblo. Me parece que estos personajes de la historia que he mencionado, como algunos otros, pensaban menos que nada, en la fama y en la gloria, menos aún en la fortuna.
También recuerdo haber leído palabras de Sor Juana Inés, diciendo, más o menos lo siguiente “… me causa más contento poner riquezas en mi pensamiento, que mi pensamiento en las riquezas”. Creo que ella, al igual que otros, no pensaba ni en fortuna ni gloria.
De quien se decía que era un Sócrates enloquecido, Diógenes, también queda claro que no sólo no buscaba ni fama, ni gloria ni fortuna, sino que las despreciaba, le fastidiaban y las detestaba. La anécdota (cierta o no) de Diógenes ordenándole a Alejandro Magno, el conquistador ávido de fama, gloria y fortuna, “hazte a un lado, que me cubres la luz del sol” me parece también significativa. Y qué decir de la anécdota de su famosa linterna, con la cual simulaba ayudarse en buscar hombres honestos durante el día y la noche, por todas las calles de su ciudad.
Hay en todos estos (y muchos otros que no menciono por ignorancia y por intentar ser breve) una característica fundamental que a mis ojos los convierten en héroes. Es su total desprecio hacia lo mundano. Es su motivación muy otra de la común. Es su honestidad no institucionalizada, sino libre. Es su insumisión ante los poderes de la seducción. A mi juicio esta característica es la más importante, la base de todas. Sus deseos y pasiones no son fabricados externamente y después insertadas, sino genuinas, íntimas y posteriormente expresadas, a veces con vehemencia, pues les desbordan y no pueden vivir más que siendo ellos mismos.
Desde luego, de todo esto ya se ha hecho una caricatura, integrando a los héroes al sistema de hiperconsumismo. Ahora parece que adquiriendo tal o cual producto, nos comportamos como héroes. El primer argumento es que al adquirir tal producto, lo hacemos libremente. Pero no es todo. Un segundo argumento nos asegura que ese producto publicitado es, en verdad, algo diferente cuya posesión es una vía de expresión de nuestra autenticidad, de nuestro carácter genuino, de nuestra inteligencia creativa y de que seguimos los dictados de nuestro corazón y la sabiduría de nuestra cabeza. Más aún, un tercer argumento nos seduce al sugerir que al adquirir tal producto expresamos nuestra más libre y soberana actitud. Somos, en verdad, unos auténticos rebeldes al adquirir el último Gadget.
Es precisamente el héroe, quien no es seducido por estos tres argumentos falaces (ni por ningún otro) el que nos sirve de referencia. Pero ahora se le ha convertido en un paria, en un marginal. Y de nuevo, se caricaturiza al paria, al marginal. Y ahora algunos parias o marginales piensan que son un héroes caídos y que algún día se les reconocerá. Es cuando recuerdo unas palabras de Ortega y Gasset en las que decía más o menos así “el mal músico y el mal poeta intentan compensar con una melena y una chalina”. Y aquí también recuerdo al maestro de la parábola china, indicando a su discípulo que no se deje engañar por aquellos falsos maestros que sólo buscan el reconocimiento.
No he acudido a muchos congresos, coloquios, mesas redondas ni conferencias, pero de las pocas experiencias, he quedado con la impresión de que lo que en el fondo se trata es de ver quién apantalla a quién. Esto es, el tema central de la reunión es, más que nada, un instrumento, un arma, un pretexto. Parece que aquí no se busca la verdad, sino el prestigio, lo cual trae fama y gloria. Desde luego, no pretendo haberlo visto todo ni saberlo todo, ni conocerlo todo. No en todas partes ni en todo momento las cosas se desarrollan igual. Y hay ciertamente personas genuinamente interesadas en la verdad, independientemente de que sus descubrimientos y aportaciones signifiquen “el Nóbel” o no.
Y aquí creo que he de mencionar otra característica de aquellos que considero héroes, y es la búsqueda de la verdad. Tal vez sea que la búsqueda de la verdad es la consecuencia del espíritu genuino y auténtico. El que siempre busca la verdad no puede ser engañado mucho tiempo. Más aún, no puede engañarse a sí mismo mucho tiempo. No en cuestiones fundamentales. De aquí que tenga que ser como sí mismo y no como se espera que sea. Porque ser como no se es no es una actitud verdadera. Es deshonesto.
De este modo es interesante conocer, aunque sea en una pincelada, la vida de algunos héroes. En México mencionaré aquellos que mi ignorancia me permite. Belisario Domínguez, médico que atendía en comunidades empobrecidas de Chiapas. No lo hacía simplemente por noble y buen corazón, sino porque era una actitud verdadera. Pues verdadero es que todos los hombres merecen vivir sanos y felices. Luego entonces, hagamos de la verdad una realidad. Belisario hizo realidad una verdad. Es un héroe indiscutible. No buscaba la fama, aunque la obtuvo pues fue muy querido en sus comunidades. No buscaba el dinero, aunque parece que no le faltaba. No supo callar la verdad y fue asesinado. Esto es no simplemente un ejercicio de valor civil. Mucho antes que ser indoctrinados por un ortodoxo “no te calles, alza la voz (voz, pero de las empresas)”, Belisario denunció al gobierno en turno, no por un ejercicio de hueca honestidad civil y política (que muchas veces sólo son estrategias políticas para poner zancadillas a los adversarios), sino por un acto de congruencia con sus objetivos.
Hablemos también de Leona Vicario quien no obstante pertenecer a una familia bien acomodada, se unió a la causa. Este desprendimiento es de lo más trascendente. Es simplemente un acto de congruencia con uno mismo. Es el no ser seducido por lo que seduce a las mayorías doblegadas. Recordemos a
Y ahora pensemos en los hermanos Flores Magón. ¿Cómo olvidar su tendencia hacia el anarquismo? Demasiado avanzados para un país demasiado atrasado. Su solidaridad con
Y en
Haríamos una lista más o menos abultada. Y desde luego, se nos diría “sí, pero tal o cual fue un asesino, etc, etc”. He querido aproximarme a estas figuras, no tanto por lo concreto de sus actos, reprobables en muchos casos. He querido adentrarme en la génesis del héroe. Esto es, ahí donde nace un ser que no puede ser otra cosa que él mismo. Aquél que no puede hacer algo que le inducen los medios de seducción masiva. Aquél para quien las palabras aduladoras son huecas o simplemente son un zumbido molesto. Aquél para quien la fama y la gloria son despreciables. Por consiguiente, los títulos, condecoraciones, galardones y demás no son más que un espectáculo torpe y un tanto infantil donde unos y otros se engañan, como en una danza de disfraces.
Después de todo esto, me pregunto si en estos tiempos es posible ser héroe, cuando vivimos bombardeados de imágenes seductoras. Cuando es tan difícil pensar por uno mismo, por dos razones: Una es que cada vez la vida es más compleja; la otra es que alguien ya pensó por nosotros y nos ofrece su solución. Esto es como quien compra una sopa enlatada. Ya no necesitas hacer nada. Es como cuando se le aconseja a un joven: “estudia esta carrera, es la más rentable”. Ya todo está dicho, sólo hay que seguir a los expertos.
Ahora bien, pienso que cualquiera que no es seducido, que no es atemorizado, que no codicia lo mismo que las mayorías, ya es un héroe. Aquél que se aparta de la vida de consumo y de la estulticia y el temor a sentirse “inadecuado”, ya es un héroe. Aquél que actúa no por miedo, sino por genuina convicción, ya es un héroe. Ojalá esa persona haga algo positivo con su status heroico. Es esta, creo yo y según lo entiendo, la diferencia que establece Erich Fromm, en cuanto a la “libertad de” con respecto a la “libertad para”. Soy libre de ser un esclavo de las voces externas….. Ahora he de ser libre para construirme a mí mismo en base a esa libertad….
Foto: Alecs Ortiz
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lunes, 25 de enero de 2010
ENTREVISTA con Martha Lamas

Hoy, el machismo es más diluido,
mucho más sutil
Edgar Onofre
Hacia 1849, durante la breve Segunda República Francesa, la Constitución a la sazón vigente no reconocía a las mujeres su derecho a votar ni a postularse a cargos de representación. No obstante, la política y feminista Jeanne Deroin presentó su candidatura para ocupar un escaño en la Asamblea Legislativa.
El célebre anarquista Pierre Joseph Proudhon objetó la propuesta aludiendo que pensar en una mujer asambleísta resultaba tan ridículo como pensar en un hombre nodriza. Deroin le respondió así: “Que diga el compañero Proudhon con qué órgano del cuerpo se legisla y vamos a ver si las mujeres podemos legislar o no”.
Más de 100 años después, el poeta y ensayista mexicano Octavio Paz alegaría que el verdadero gran cambio del siglo XX no fue otro sino el nuevo papel que las mujeres jugaban en la sociedad, aun por encima del gran desarrollo tecnológico registrado durante el siglo pasado.
Para el caso mexicano, la antropóloga y escritora Marta Lamas ha sido pionera de la propuesta feminista y, sin duda, una de sus más notables activistas. Férrea defensora de la equidad, también es una comentarista de una lucidez y precisión teórica formidables. Ha impulsado numerosas iniciativas públicas para la promoción y defensa de la equidad, dirige la revista Debate feminista y es colaboradora del semanario Proceso.
Fue invitada a Xalapa por el Centro de Estudios de la Cultura y la Comunicación (CECC) de la Universidad Veracruzana (UV) para continuar con el debate sobre todo aquello de lo personal que también es político (lema del feminismo) y la igualdad y la diferencia entre hombres y mujeres.
La famosa declaración de Octavio Paz acerca de que la gran transformación del siglo XX había sido el nuevo papel de las mujeres en las sociedades no concuerda con lo que aseguran los tecnólogos: que la gran transformación ha sido la escalada tecnológica. ¿Qué opina al respecto?
Creo que los tecnólogos han retomado esa idea y la han tecnificado con todo este tema de la perspectiva de género que no va realmente al fondo y a la raíz de los problemas que tenemos pero que resulta un discurso cómodo. Como si meter mujeres en las políticas públicas fuera a resolver el enfoque de las políticas públicas.
A los tecnócratas habría que decirles que todavía no se ha hecho un planteamiento serio sobre la diferencia sexual, sobre las consecuencias de la diferencia sexual, que el caballito de batalla de género nada más les sirve para hacerse guajes y que todo el tema de la articulación de lo privado con lo público y de la conciliación trabajo-familia sigue siendo uno de los problemas que no se están abordando, que no se están discutiendo y que son parte de lo que provoca el tema de la desigualdad entre los sexos.
Esta frontera entre lo público y lo privado recuerda a lo que decía el sociólogo polaco Zygmunt Bauman: que el gran reto de la política era hacer de las preocupaciones privadas problemas públicos. ¿Está de acuerdo con la apreciación?
Las feministas en los años setenta lanzamos el lema de “lo personal es político”. Bauman se inspiró en eso, como también Giddens y muchos de los politólogos que se han dado cuenta de la importancia de la intimidad, de las relaciones personales, de lo privado y cómo eso requiere soluciones políticas en lo público.
“Lo personal es político” fue una frase que no tiene autora. Surgió en Estados Unidos durante el movimiento feminista de los años setenta y rápidamente se generalizó a todos los movimientos. “Lo personal es político” es una idea, digamos, de esta segunda ola del feminismo, de los años setenta, que suscriben casi todas las feministas y la han retomado intelectuales y politólogos.
En una de sus novelas, el escritor francés Michel Houellebecq narra una escena donde un par de chicas discuten sobre la interpretación de usar minifalda y asegura que se trata de los últimos reductos del feminismo. ¿Qué le dicen posturas como la de Houellebecq?
Como todo movimiento social, el movimiento feminista tiene muchas expresiones y tiene muchas tendencias. Y también tiene aberraciones. Ha habido tendencias, posiciones o corrientes que se han aferrado a cuestiones muy sectarias, muy identitarias o muy mujeristas. En vez de entenderse como una expresión más de un movimiento muy amplio, se piensa que eso es el movimiento feminista y, por tanto, ha habido una reacción o un rechazo contra esas posturas concretas.
En Francia, además, estuvo el grupo que se llamó “Psicoanálisis y política” y que llevó a toda una postura muy mujerista, muy sectaria, que llevó a muchos intelectuales a deslindarse de ese feminismo que era el que tenía la cara más pública, digamos.
Houellebecq es un novelista que retrata una sociedad europea de principios del nuevo milenio, con una expresión del capitalismo tardío y, en ese sentido, sí está reconociendo una realidad: que para muchas personas el feminismo tal y como se conoció en los setenta y los ochenta está feneciendo y dando pie a una postura mucho más abierta, mucho más reconocedora de la diversidad, menos sectaria, menos identitaria y que, por lo tanto, tendrá que tener otro nombre: lucha contra la desigualdad o contra la discriminación o a favor de la diversidad, no sé.
A mí (Houellebecq) me parece un escritor interesante y no me parece nada aberrante lo que escribió. Está tomándole el pulso a lo que muchas gentes ven como feminismo, aunque una mirada más desde la ciencia política, la antropología o la sociología, habría que reconocer que hay muchos feminismos y no solamente ése, que ha sido el más conocido.
En afán de precisar, “mujerismo” no es lo mismo que el escritor Enrique Serna definió como “hembrismo”…
No, son dos cosas distintas. El “hembrismo” sería paralelo al machismo. Son esas actitudes espontáneas de: “Yo soy una chingona y yo puedo”, “Soy muy echada pa’ delante” y “Yo le corto los huevos a estos cabrones”: eso es el “hembrismo”.
El mujerismo es una expresión del feminismo que lo único que ve es lo que le pasa a las mujeres y que por lo único que se preocupa es por las mujeres, que es como la expresión de política identitaria, y cree que por ser mujeres éstas
van a tener conciencia feminista en automático y todas van a ser hermanitas y se van a querer mucho.
Creo que no: hay mujeres conservadoras que no son feministas, que no se van a sentir hermanadas en ninguna de las partes del feminismo y no puedes construir una opción política a partir de una identidad como
el ser mujer.
Construir una opción política podría relacionarse con crear un partido político. ¿Esto, en algún momento, será una realidad?
Ya fue una realidad con el partido México Posible y, luego, con el partido Alternativa. Patricia Mercado, una feminista, planteó la necesidad de construir un partido con un perfil muy claramente feminista y así le fue: se la comieron, se la transaron y acabaron quitándola de su propio partido.
En las elecciones de 2006 logró un millón 200 mil o un millón 300 mil votos al traer una propuesta feminista acompañada de una larga trayectoria en el movimiento feminista. Pero cuando llegó a la real politik se dio cuenta de que las cosas eran mucho más complicadas, que quienes ella pensaban que eran sus aliados no habían sido sus aliados y, al final, se quedó sin el partido. Y el partido, en estas elecciones intermedias, ya perdió el registro, porque la gente votó por Patricia por lo que ella significaba y no por los nefastos que se quedaron con el aparato.
Creo que las feministas que siguieron a Patricia y que pensaban que era muy importante tener un partido se han dado cuenta que es demasiado costo político todo el proceso de construcción de un partido y que es muy difícil sostenerlo. Y tal vez es mucho mejor tener, en los tres partidos ya existentes, una tendencia, una corriente, una influencia y hacer alianzas puntuales.
No hace mucho usted declaró que lo que hoy hace a alguien ser feminista no es lo mismo que lo hizo ser en los setenta. ¿Cuáles serían las diferencias sustanciales?
Yo creo que las expresiones del machismo y de la opresión y de la discriminación eran mucho más abiertas en los setenta. Entonces era mucho más fácil que las mujeres de repente se dieran cuenta de la injusticia de ese tipo de cosas. Hoy es mucho más complicado. Sí, en 40 años se ha avanzado, es decir, las chicas jóvenes de ahora tienen mamás feministas o mamás que no les dicen: “Tú te quedas a lavarle a tu hermano las cosas y él que se vaya de parranda”. Hoy el machismo es más diluido, es mucho más sutil: hay un discurso político que tienen casi todos los partidos sobre la igualdad de derechos de las mujeres.
En estos 40 años, uno de los triunfos del feminismo ha sido transmitir que las mujeres tienen derechos y mediante esa transmisión ya hay muchas mujeres, incluso de comunidades indígenas o en el campo, que dicen: “No me pegas porque yo tengo derecho a que no me pegues”, cosa que hace 40 años no existía.
Pero hay otras formas que también sirven para mantener a las mujeres sojuzgadas: una de ellas son las mistificaciones. Mistificar la maternidad, mistificar el amor, mistificar una serie de cosas que afectan no sólo a las mujeres, sino también a los hombres, aunque en este caso estamos hablando de mujeres.
Entonces, la diferencia es una diferencia de grados. Aunque aún no hemos visto en México, como sí en otras sociedades, a cientos de miles de mujeres pidiendo cambios como en materia de aborto, por ejemplo. En Italia, en Roma, 150 mil mujeres salieron a la calle. Y Roma es una ciudad de dos millones de habitantes. Aquí tenemos
ciudades de dos millones de habitantes en donde no salen ni 20 mujeres a la calle.
En fin, todavía falta en México ese impulso fuerte que hubo en los setenta y en los ochenta en los países del primer mundo: que las mujeres salieran exigiendo cosas. Aquí somos grupos chiquitos de feministas vinculados al mundo intelectual, a la academia, a las universidades, de repente a los grupos políticos, pero no ha habido un movimiento de amas de casa o de mujeres comunes y corrientes como sí lo ha habido en otras partes.
Por eso digo que la diferencia es de grados. Sí hay todavía muchos obstáculos y muchas trabas, sobre todo personales, introyectadas por las propias mujeres que se han comprado un discurso sobre el amor, la maternidad, la complementaridad, etc. y que no son capaces de salir a exigir guarderías o exigir cierto tipo de derechos, como el derecho al aborto.
Dos veces ha hecho mención a los hombres. ¿Cómo se ve, desde el feminismo, la virilidad? Ya ve que ahora se hace burla…
No hay “el feminismo”. Hay “los feminismos”: desde distintos feminismos se ve de distintas maneras, pero sí hay todo un tema sobre la masculinidad.
Yo le preguntaba más bien desde el feminismo que está vinculado con las áreas intelectuales, académicas, etc.
Ahí también hay tendencias: Hay académicas que tenemos tendencias absolutamente distintas. No se trata solamente de un feminismo popular y uno académico, sino que dentro del feminismo académico hay posicionamientos ideológicos distintos.
Al feminismo al que yo pertenezco plantea que así como es construida la femineidad también es construida la masculinidad y que las personas no tienen esencia. No por tener cromosomas XX o XY las personas van a sentir cierto tipo de cosas, actuar de cierta manera o ser decentes o indecentes. No importa la envoltura del cuerpo, lo que importa es lo que uno tiene en la cabeza.
Hay otro tipo de feministas que piensan que es muy importante la envoltura y que, por ejemplo, no permiten que los hombres entren a los encuentros feministas. Hay hombres feministas ideológicamente comprometidos y que han hecho más por el feminismo, como Carlos Monsiváis, por ejemplo, que muchísimas otras feministas.
Yo creo que la masculinidad es, como se ha estudiado muchísimo, una cuestión construida que tiene un lado cultural y un lado psíquico. Y que, como dijo Freud, no hay ninguna característica que sea exclusiva de ninguno de los sexos: hay hombres histéricos y mujeres con rasgos psíquicos masculinos.
Me parece que el gran planteamiento de la diversidad es conocer que hay muchas maneras de ser hombre y muchas maneras de ser mujer y que la complejidad nos va a permitir romper estos esquemas tan estereotipados.
Este asunto de la esencia puede estar relacionado con la información genética y se contrapondría a la discusión de las neurociencias sobre la predeterminación de la bestia que nos habita. ¿Pueden conciliarse?
El debate de las neurociencias en Francia es muy interesante por la gran tradición psicoanalítica que tiene. A lo que ayudan las neurociencias es a entender cómo las neuronas y el aparato cognoscitivo se tratan de una maquinaria que ya está predispuesta a cierto tipo de funciones.
Los contenidos de esas funciones, el contenido del inconsciente, el contenido de los sueños, eso no lo puede analizar la neurociencia. Eso es campo del psicoanálisis o de la magia y el chamanismo, pero no de las neurociencias.
Hay todo un esfuerzo en este momento para juntar mucha de la información de las neurociencias, es decir, sí hay reacciones que tienen que ver con la química. Una depresión puede tener un origen químico y te dan un antidepresivo y se te quita, pero hay depresiones que no tienen un origen químico, que tienen un origen psíquico y para eso la neurociencia no tiene una salida, mientras que sí la tiene el psicoanálisis.
Entonces, lo que hay que buscar no son posiciones científicas o filosóficas que digan: “Yo tengo la llave y la razón y la explicación de todo lo que pasa”, sino aquellas que sostengan: “Yo tengo una parte de esa explicación”. Y vamos a ver cómo se embonan las partes y cómo logramos entender la complejidad del ser humano, comprenderla y, sobre todo, ayudarlo a que deje de sufrir y a que empiece a vivir de otra manera. Creo que las neurociencias y el psicoanálisis no son excluyentes entre sí, sino más bien complementarias.
En los ochenta se popularizó en camisetas una imagen en la que una huella de garra se transformaba en huella de humano, luego en huella de zapato y, finalmente, en huella de zapatilla. Su lema era, en inglés, “La evolución de la autoridad”. ¿Qué opina del argumento de que el asunto de los géneros se trata de una disputa por la autoridad?
Sí hay una disputa por el poder y creo que en una de las fases va a haber muchas mujeres que van a asumir ese poder por encima de los hombres. Si has tenido la bota de un macho encima de ti durante siglos, no me extraña que muchas mujeres quieran ponerles la zapatilla encima a los hombres.
Pero no me parece que sea ése el objetivo final, sino apenas como una etapa de transición, y habrá hombres que muy gentilmente dirán: “Órale, pónganme la zapatilla”. O que digan: “Me corro de lugar, me cambio” y habrá otros que den batalla para seguir poniendo la bota encima.
Ni una ni otra cuestión es el objetivo igualitario que debería de permitir que los distintos tipos de mujer y los distintos tipos de hombres podamos vivir en una sociedad menos desigual y menos discriminatoria.
Se ha comentado que el feminismo se funda en un malestar colectivo. El historiador Morris Berman dice que cuando nos definimos a partir de una forma negativa estamos condenados a no existir. ¿Podría haber problemas en la ontología del feminismo, errores filosóficos?
Hay limitaciones más que errores. El feminismo que surge en el siglo XIX con una reivindicación del sustrajismo, de la necesidad de ser reconocidas como ciudadanas, poder votar y poder participar, poder ir a las universidades. Fue como decir: El mundo de lo público también es el mundo de las mujeres. De ahí se toma el nombre de feminismo porque eran las mujeres las que estaban excluidas: no votaban, no podían estudiar, en fin, tenían una serie de limitaciones.
El feminismo de los años setenta, la segunda ola, que empieza como movimiento de liberación de la mujer, tiene un contenido y un carácter eminentemente sexual, reproductivo, de la relación amorosa. Tiene un cuestionamiento en el mundo de lo privado porque se supone que ya lo público está ganado. A ese movimiento, que se llamo “de liberación de la mujer” al final se le volvió a llamar feminismo.
Creo que el término feminismo es muy restrictivo y que las nuevas generaciones de feministas encontrarán un nombre que sea incluyente. Pero el postulado de que todas las mujeres comparten una cierta condición tiene una falla: que hay mujeres que les gusta esa condición y que no están dispuestas ni quieren cambiarlo. Hay mujeres conservadoras que quieren seguir en su papel de ama de casa, mantenidas, y que no les interesa para nada liberarse como las feministas.
Entonces sí se partió de una idea de mujer como si todas las mujeres quisieran lo mismo y ahí hay una falla que limita el análisis. Yo pienso que todos los hombres y todas las mujeres tienen responsabilidades sociales y no solamente con tu núcleo familiar. En ese sentido, la mirada de estas mujeres conservadoras me parece que es muy puesta en cuestión con un planteamiento feminista.
Ahora, no es que el feminismo se defina negativamente: se define en términos de que hombres y mujeres somos iguales como seres humanos y somos distintos como sexos. ¿Cómo resolvemos esa igualdad de humanidad frente a la diferencia sexual? Y lo que se ha hecho es traducir la diferencia por desigualdad. Cuando la diferencia pueda sostenerse como diferencia sin que implique desigualdad, uno de los objetivos principales del feminismo se habrá alcanzado.
En su trayectoria como activista, ¿en algún momento se ha llegado a sentir usted agobiada?
Es una pregunta muy personal. Claro que sí me he sentido agobiada, ¿cómo no voy a sentirme agobiada frente a las cosas que pasan en el país en el que vivo?
¿Y dónde encuentra reposo, aliento?
El reposo del guerrero está en las mujeres, el reposo de las feministas son las amigas.