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jueves, 21 de noviembre de 2019

La construcción de nuestra inteligencia

La construcción de
nuestra inteligencia

Por Nancy Ortiz


A esta altura sabemos que no se puede separar la afectividad de la inteligencia, no se puede seguir con la falsa oposición inteligencia- afectividad. Es evidente que la afectividad, el furor, también el odio y el amor, pueden hacer de nosotros personas ciegas, pero no hay una racionalidad sin esa afectividad, sin ese amor por el conocimiento, sin esa pasión por la verdad.
Edgar Morin

El libro El vuelo de la Inteligencia de José Antonio Marina y mi profesor de Actividades de biblioteca me han obligado a analizar el desarrollo y uso de la inteligencia, a su vez replantear mi papel como estudiante de Sociología y ser humano. Dicha acción implica la lectura del libro y una reflexión sobre mi papel como estudiante y futuro sociólogo. En general la actividad me gusta y la encuentro un tanto divertida, creo que es mejor realizar una reflexión sobre un libro y mi persona que aprenderme una serie de contenidos disociados a mi vida cotidiana.
El vuelo de la inteligencia, es un libro de contenidos utilizables en nuestra vida diaria, aplicables a casi cualquier tipo de persona, escrito en una prosa sencilla y hasta con tips e indicaciones del propio autor para lograr captar la idea correcta que quiere transmitir.
José Marina se enfoca principalmente en la manera en que podemos potenciar nuestra inteligencia. Se maravilla de la capacidad de raciocinio que tenemos los seres humanos y desde mi perspectiva se muestra demasiado optimista y generoso con las habilidades de las personas, pues a todos nos otorga la oportunidad de mejorar y superarnos.
El autor expresa que la inteligencia es un conjunto de capacidades integradas que forman parte de la personalidad del individuo, que debe servir en nuestra vida para ser mejores personas y contribuir con ello a la instauración de una mejor sociedad. Expone que nuestra inteligencia comprende nuestra percepción, la estructura conceptual que poseemos, nuestros sentimientos y valores.
Afirma que los valores forman parte de la inteligencia tales como la valentía, la decisión y el ánimo, estos a su vez están encaminados a resolver nuestros problemas, tanto vitales, afectivos o profesionales, con la finalidad practica de elegir correctamente nuestras acciones y metas.
El vuelo de la Inteligencia, tiene un capitulo dirigido al lenguaje, indudablemente como dice el autor “nuestra inteligencia es lingüística”, desde muy joven me ha maravillado la capacidad de comunicarnos, la necesidad de desarrollar un lenguaje y que esa necesidad y capacidad se repitiera en todos los rincones del mundo, que cada pueblo, nación, país y región desarrollara, un sistema de símbolos gráficos, fonéticos y kinestésicos, con reglas gramaticales, usos y costumbres que dan pie al maravilloso mundo del lenguaje, simplemente me parece sorprendente. Y me hace pensar que efectivamente nuestra capacidad de pensar no podría ser de otro modo más que lingüística. Observando esta característica de los seres humanos, pienso que a través del tiempo hemos reproducido los mismos deseos, necesidades, virtudes y hasta nuestros defectos. Nuestra evolución de alguna manera es cíclica.
La evolución y desarrollo del lenguaje esta íntimamente ligado al desarrollo de nuestra inteligencia, podemos observar este desarrollo primitivamente en los niños, conforme crece su capacidad de comunicarse crece su capacidad de razonamiento y análisis. En los adultos no sólo es necesario comunicarnos ni analizar situaciones cotidianas, es indispensable desarrollar más nuestro lenguaje para así poder refinar más nuestro pensamiento. Sí la mayoría de las personas gozaran de un pensamiento desarrollado, probablemente nuestra sociedad tendría menos problemas o tal vez habría otro tipo de problemas. Es curioso que en países más desarrollados se prevea con más de 5 años de antelación los planes de desarrollo económico, político y social que pretenden llevar y que en un país como el nuestro, pase medio año y aun no se termine de aprobar el presupuesto anual de ese mismo año.
El autor expresa que es necesario analizar nuestra realidad para así interactuar adecuadamente sobre ella. En síntesis, creo que un pensamiento o inteligencia desarrollada nos sirve en nuestra vida diaria y a su vez, sirve a nuestra comunidad. Como seres inteligentes podemos y debemos aprender de nuestros errores, resolver problemas simples y vitales, decidir correctamente ante ciertas situaciones, pero sobre todo nos puede servir para vivir en un entorno mejor. El desarrollo de la inteligencia debe estar vinculado con el desarrollo de las características humanas, todo en conjunto, en una amalgama de capacidades.
Como futura socióloga, necesito un pensamiento desarrollado que me ayude a comprender los procesos sociales que se están generando a mi alrededor. Se que con sólo desearlo no lo voy a conseguir, por ello debo desarrollar un plan estratégico que contribuya al desarrollo de mi persona. Tener en cuenta ciertos puntos indispensables, como el de aprender, conocer, crear, criticar, analizar, interactuar y transformar. Todo esto parecen verbos enunciados al azar, pero la realidad es que hacer cada uno de estos verbos es tarea indispensable pero complicada, no debería serlo como dice el autor en referencia a las matemáticas “Es triste que una mala educación impida a tanta gente disfrutarlas” de la misma manera, desarrollar la inteligencia debería ser para la mayor parte de las personas excitante y algo digno de disfrutar.
En el texto se hace hincapié en lo indispensable de una educación e inteligencia integral, donde no se pueden separar nuestras capacidades, habilidades y características como si fueran entes individuales.
Conclusión
Antes que nada considero debemos tener claro que somos mente, corazón y sexo. Pese que nuestra sociedad separa lo afectivo de lo intelectual, es necesario darnos cuenta que ambas cosas son indispensable para un buen desarrollo humano. Es fácil asociar la razón con la frialdad y la crudeza, y a los sentimientos con la pasión e impulso. Muchas veces la razón puede ser mejor victimaria que la más grande de nuestras pasiones y nuestra mayor pasión puede ser mejor consejera que la propia razón. Con ello quiero decir que una cosa no está disociada de la otra. Ambas, pasión y razón forman parte de nuestro ser. Cuando menciono al sexo, me refiero a la manera de ver e interactuar con el mundo, pues lo hago a través de mi sexo, de mi facultad de mujer.
Nuestra inteligencia esta en constante construcción, se alimenta de nuestra autoestima a su vez la autoestima contribuye al desarrollo de nuestra personalidad y nuestra propia inteligencia. Nuestra inteligencia se forma a partir de las relaciones que tenemos con los demás individuos, somos animales que imitan, comenzamos imitando lo que nos agrada y terminamos siendo ejemplo para otros. Por eso hay que cuidar las personas y las cosas de quienes nos rodeamos para tener imágenes bonitas que imitar.
Nosotros no podríamos construirnos de la nada, no somos entes totalmente individuales, pues estamos ligados a una red de relaciones, circunstancias y sucesos que nos van moldeando día a día, que nos obligan y orillan a actuar de determinada manera. Nuestras acciones están son movidas por motivos intrínsecos, extrínsecos y sociales.
Como seres humanos estamos ligados en muchos sentidos a otros seres humanos, “las metas privadas sólo pueden alcanzarse dentro de unas grandes metas mancomunadas. La inteligencia capaz de acercarse a al felicidad sólo puede desarrollarse y ejercerse en una sociedad también inteligente”.
La inteligencia debe ampliar nuestras posibilidades de resolver problemas en nuestra vida diaria, con ello contribuir a un mejoramiento de nuestra sociedad y entorno, pero principalmente debe servirnos para ser feliz.


Marina, José Antonio, el vuelo de la inteligencia, Plaza & Janés Editores, España 2000.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Niñez y crianza en el espacio público

Fotografía de Internet
Efecto Mariposa
Niñez y crianza en el espacio público
Por Nancy Ortiz
@nancyortiz_

Actualmente existen dos grandes posturas que predominan aparentemente dicotómicas entre sí con relación a la niñez, una de exaltación (sobreexplotación) y la otra de denostación. Las dos alentadas por el mercado y funcionales a él. 
Mucho ya se ha hablado sobre la explotación del concepto de niñez y los abusos que la industria (así, en términos generales) ha cometido en “aras de las niñas y los niños”. Pero no me detendré (ahora) en ese tema. Quiero abordar la postura de la denostación, sobre todo porque cada vez es más frecuente y la discriminación tiende a normalizarse y radicalizarse. 
Hoy día es muy común escuchar a personas decir que no le gustan los niños y por lo tanto rechazan todo lo que gire en torno a ellos. Cada vez hay más espacios y actividades “libre de niños”. Generando también una tendencia de denostación y desprecio interiorizado hacia ellos y hacia quienes ejercen la crianza en espacios públicos.
La moda “odia niños” está promovida, principalmente, por la industria económica y reforzada por la cultura de consumo y sus valores individualistas. Esto permite ofrecer a sectores bien específicos una variedad de servicios y atracciones “chilfree life”, que se basa en la premisa de que si no se tiene hijos no se tiene por qué tolerar a los hijos (pequeños) de otras personas. Incluso, hay personas que dicen: "Decir que no me gustan los niños es como decir que no me gustan los tacos, es cuestión de gusto". Es decir, tratan de justificar su poca o nula tolerancia por las y los niños reduciendo la argumentación a un tema de gustos. 
Las razones aparentes para denostar a la niñez son variadas. De un sector viene del rechazo a la imposición a la maternidad abnegada. Y en el afán de rechazar el “deber ser” impuesto por la sociedad, se termina rechazando a un grupo que es muy fácil vulnerar. Esto pasa incluso en algunos sectores feministas o de mujeres empoderadas que no han visibilizado la discriminación ahí. Sin embargo, la principal razón del rechazo a las y los niños viene de una postura que defiende el orden patriarcal establecido. Viene del rechazo al ejercicio de la crianza en el espacio público. Las y los niños molestan porque están fuera de su casa, porque ello también significa que las madres (responsables históricas de la crianza), también están fuera de su casa, fuera del espacio que la sociedad les ha asignado, en el espacio que no les compete, en espacios que no están destinados ni pensados para infantes ni para mujeres criando. Y escribo sobre mujeres porque las mujeres que ejercen la crianza en el espacio público no reciben el mismo tratamiento social que los (pocos) hombres que también ejercen la crianza en espacios públicos (a ellos hasta se les hace reportajes).
Quienes utilizan este tipo de argumentos no le otorgan a los infantes la categoría de personas con derechos, no es una cuestión de si nos “gustan” o no los niños, es una cuestión de aprender a vivir en sociedades incluyentes, de entender que las y los niños TAMBIÉN forman parte de nuestra sociedad, que son un sector con características y condiciones específicas y a la vez variadas como cualquier otro grupo que conforman nuestras sociedades.
Esta moda en detrimento de menores viene a sumarse a las cifras de maltrato, abuso, explotación y omisión de cuidados que diariamente viven las y los niños de nuestro país. Por ejemplo, se estima que el 60% de los niños ha sufrido o sufre maltrato en sus hogares; México ocupa el primer lugar a nivel mundial en violencia física y homicidios de niños y niñas menores de 14 años. Según datos de diversas organizaciones mundiales también tenemos el primer lugar en pornografía infantil, además que la cifra sobre abusos sexuales contra niños y niñas podría ser alarmante, se estima que sólo se sabe del 2% de los casos mientras se presenta.
Las y los niños son un grupo que se puede vulnerar con mucha facilidad. Son los más desprotegidos contra la violencia sistémica. Hay un maltrato y discriminación normalizada (entre otras cosas) porque ellos no denuncian, a veces no se quejan, no se juntan a exigir derechos, ni hacen tuits, ni videos virales de protesta, es muy fácil violentarles y colocarles en situaciones de vulnerabilidad.
 En un ejercicio para poder visibilizar la discriminación contra infantes se puede cambiar la palabra “niño” (por mujeres, ancianos, homosexuales, afrodescendientes o cualquier otro grupo vulnerado) cada vez que se diga “No me gustan los niños” o alguna frase similar. Con ello quizás nos daríamos cuenta cuan discriminatorio suena si lo aplicamos a otro grupo de personas. 
Fotografía de Internet
Quizás a las sociedades contemporáneas nos falta sentido de comunidad para entender que el cuidado de los niños y niñas es una responsabilidad que tendría que ser compartida y eso nos ayudaría a conformar sociedades más justas, sanas e incluyentes.