martes, 21 de agosto de 2018

Educación a la mexicana

Educación a la mexicana

Por Nancy Ortiz



Cuando egresé de la normal, la secretaria de educación me dio una hoja de presentación para que fuera a una comunidad apartada a fundar una escuela. Me dijeron que tenía 3 días para presentarme en el lugar, hablar con la gente de la comunidad y comenzar a dar clases. Como fuera y donde fuera. Sin más recursos que una hoja de papel.
         Eso que hoy cuento como una anécdota hasta graciosa es la realidad de miles de docentes en todo México. Docentes que trabajan en escuelas sin energía eléctrica, agua, sistema de drenaje, mobiliario, aulas, material, teléfono o internet. En lugares apartados, inaccesibles y casi incomunicados. También es bien sabido que los docentes de nivel básico en México son de los peores pagados de los países que integran la OCDE, muchos tienen dobles jornadas u otros trabajos para sobrevivir.
         La realidad del sistema educativo mexicano es múltiple, variada y compleja. El “nuevo modelo educativo” que nos heredó Aurelio Nuño y Enrique Peña Nieto y que se pretende implementar en el ciclo escolar 2017-2018 (sí, en los últimos 6 meses del sexenio de Enrique Peña) no refleja y parece que ni siquiera considera la realidad que viven miles de docentes y escuelas en todo el país. Los libros de texto no sólo tienen errores de dedo, sino que los programas de educación básica tienen graves errores de estructura, lógica y conceptuales. La propuesta sobre “autonomía curricular” está diseñada, evidentemente, por gente que desconoce el funcionamiento y realidad de las escuelas. A los docentes nos toca la tarea de interpretar e implementar lo que nos quisieron decir.
         La reforma educativa del sexenio de Peña Nieto consistía, principalmente, en “regular” laboralmente a los docentes. Anunciaron la evaluación docente como la panacea para reformar verdaderamente la educación y lo único que revolucionaron fue la manera de generar más caos. La reforma educativa es y fue un fracaso de principio a fin, no sólo por lesionar los derechos de los trabajadores sino por la incapacidad de construir un plan de estudios que respondiera verdaderamente a las necesidades más apremiantes en nuestro país.
         En México (según cifras oficiales) hay casi 5 millones de personas de más de 15 años sin alfabetización, hay miles de infantes sin ir a la escuelas, hay escuelas con muchas carencias materiales y hay docentes viviendo con precariedad. Una verdadera reforma educativa tendría que estar enfocada a responder a las necesidades que el país y las sociedades demanden, pero también a resolver las necesidades propias del sistema educativo y de las personas que lo integran.
         Uno de los grandes errores de la sociedad en México es el poco valor que se le da a las bases pedagógicas, se cree que cualquier persona que tiene un título universitario o un posgrado es capaz de dar clases. Eso es mucho más frecuente en los niveles medios y superiores. La mayoría de docentes, doctores, maestros y licenciados carecen de bases pedagógicas y así dan clases. Lo mismo pasa con el funcionariado en las secretarias de educación. Se cree que cualquier persona sin necesidad de ser docente (con una formación pedagógica y profesional sólida) puede estar al frente del sistema educativo. En parte, ese es uno de los principales problemas del fracaso de los programas escolares. La falta de conocimiento de la realidad del sistema educativo en México en los diferentes niveles y en los contextos en los que se desenvuelve.
         Hemos tenido un funcionariado en las secretarias de educación pública tan alejados de la realidad social, que los docente hemos tenido más de 100 programas y actividades alternas al programa educativo en 200 días de clases ¿En qué momento pretenden que los docentes implementen todo eso? ¿El funcionariado conoce la realidad de las escuelas o implementa planes y programas que en la teoría parecen ideales pero en la realidad concreta son difíciles de implementar?
         El “nuevo modelo” no se quedó atrás, propone la implementación (obligatoria) de “clubes” sin consideran los elementos básicos para la organización y su implementación.  Es una propuesta donde se nota ausencia de conocimiento del funcionamiento de las escuelas y de los diferentes niveles educativos.   
El nuevo gobierno tiene el gran reto de resolver no sólo lo básico y elemental para que el sistema educativo funcione adecuadamente, sino que además responda a las necesidades que como nación requerimos para ser un mejor país. Ser catedrático universitario, tener posgrados o pertenecer a la academia no son cartas suficientes para el diseño de los planes y programas educativos. Se requiere conocer a profundidad el funcionamiento de las escuelas, las realidades donde estas se desenvuelven y  los diferentes niveles educativos, así como escuchar las diferentes voces de quienes integran a la comunidad escolar.


twitter: @nancyortiz_

Texto Original publicado en http://homozapping.com.mx/2018/08/educacion-a-la-mexicana-mas-caos-con-la-reforma-de-pena-y-nuno/

domingo, 19 de agosto de 2018

LO QUE DIRÁN DE NOSOTROS


LO QUE DIRÁN DE NOSOTROS

Por Omar Baqueiro




El triunfo de Andrés Manuel López Obrador en los pasados comicios del 1º de julio, colocó los reflectores del mundo sobre México durante los días inmediatos a la contienda. La prensa y la opinión pública internacional destacaron principalmente la victoria de la izquierda a nivel federal, tras nunca haber ocurrido en el país, aunada a la consolidación de la democracia mexicana, lo cual en conjunto representa un acontecimiento histórico. Así mismo, los rotativos en el mundo recalcaron también el gran capital político y legitimidad con los que contará el próximo mandatario: mayoría en las dos cámaras y una amplia aprobación popular.

Lo anterior es importante, ya que se han generado grandes expectativas del próximo gobierno, tanto dentro como fuera del país (en menor medida), sobre si podrá éste cumplir con las principales promesas de campaña: pacificar el país, combatir a la corrupción y disminuir la desigualdad económica. Cumplir con dichas expectativas así como difundir una buena imagen del país, ayudan a generar confianza en México, en el extranjero. La generación de confianza (además de las decisiones que se tomen en política financiera) favorece la atracción de mayor turismo e inversiones. Pero además, una buena imagen del país también suscita un mayor ‘reconocimiento’ de la nación. Dicho esto, y en el contexto actual, poder generar confianza y transmitir una buena imagen dependerán tanto de las noticias que se difundan del país desde estos primeros días de transición, como de las estrategias de comunicación que el próximo gobierno emplee (la carta de López Obrador a Trump, es un ejemplo). Lograr esto, no será una tarea fácilcil﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽sio tus comentarios/y ro tus comentarios y recomendacioneso leas ver dados los altos y alarmantes índices de violencia, corrupción y pobreza padecidos durante los últimos años, y atestiguados por los ojos del mundo.

Ahora bien, ¿cómo transmitir una buena imagen en el exterior?
En administraciones federales anteriores, el Estado mexicano se ha valido de distintas estrategias de comunicación en política exterior para transmitir una buena imagen en el extranjero, en las que la promoción cultural del país ha sido la principal herramienta para ello. Por ejemplo, una estrategia en diplomacia pública muy reconocida, fue aquella exposición México: Esplendores de treinta siglos”, presentada en el Metropolitan Museum de Nueva York, en 1990, que sirvió como carta de presentación de México ante la opinión pública estadounidense, previo a la firma del TLCAN. De igual forma, también se han operado estrategias de marca país, como la actual campaña de Visit Mexico, orientadas principalmente a atraer mayor turismo. Si bien este tipo de acciones han logrado difundir el patrimonio milenario y las manifestaciones populares de la cultura mexicana, resultando atractivas a los ojos de otras naciones, los éxitos obtenidos han sido efímeros o sólo han servido para los fines políticos y económicos específicos de los gobiernos que las han implementado. Terminan entonces, siendo medidas casuísticas, aisladas, que carecen de continuidad, coordinación y planeación.

A diferencia de la diplomacia pública y de una marca país, para una estrategia de diplomacia cultural la promoción de la cultura es la herramienta, pero también el fin. Cuando una estrategia en diplomacia cultural se adopta como parte de la política exterior que regirá el rumbo de un Estado, se logra producir en el ideario de las sociedades extranjeras reconocimiento sobre la cultura de esa nación, y ese reconocimiento prevalece por años y trasciende gobiernos.

En esa tesitura, para este gobierno es totalmente imprescindible potenciar el capital político que tiene y hacer una verdadera apuesta por una ambiciosa estrategia en diplomacia cultural, que trascienda su mandato y se eleve a política de Estado. Hoy la Secretaría que encabezará Marcelo Ebrard, podría plantearse lo siguiente:

1.      Diseñar una estrategia en diplomacia cultural, con una planeación integral y objetivos formalmente establecidos, con nivel de política de Estado. Que esa estrategia se apegue siempre a los principios de política exterior mexicana y quizás, redefinir estos principios. Dicha planeación podría apoyarse, entre otras cosas, de un catálogo de contenidos culturales y artísticos, que permita programar presentaciones en el extranjero en el corto, mediano y largo plazo.

2.      Coordinar mejor el trabajo de los Institutos de Cultura de México en el extranjero. Dando unidad en su concepto: empezando por que todos compartan el mismo nombre, estén bajo una misma dirección y procurar homogenizar su constitución orgánica, por ejemplo, que la mayoría puedan ser donatarios. Consolidándolos como una marca-emblema.

3.      En esa misma línea, esta marca-emblema podría no estar supeditada siempre a un espacio físico y podría apoyarse en plataformas en internet. Se podría poner al alcance de distintos públicos una biblioteca y una hemeroteca virtuales, TV y radio, aprovechando canales con los que el Estado ya cuenta. Por ejemplo, algunas transmisiones de los canales de IMER podrían retransmitirse en el exterior vía esta nueva marca del Estado, parecido a lo que ha alcanzado actualmente la NPR, de Estados Unidos.

4.      Que en materia de cooperación internacional (y por añadidura, cooperación cultural), por fin se provea de autonomía real y mayores recursos a la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID), para potenciar su actuar. Aprender de las experiencias de agencias de otros países, como la reciente apuesta de Chile con su Agencia Chilena de Cooperación Internacional para el Desarrollo. Que en el afán de diversificar relaciones con otros países, se generen nuevos acuerdos con agencias pares para intercambios académicos, culturales y, principalmente, mayores intercambios artísticos (estancias).

5.      Aprovechar por fin la ventaja de ser el país con más hispano hablantes en el mundo y capitalizar la demanda global por aprender el idioma español, ampliando las sinergias ya acordadas con España y cubriendo zonas en las que el Instituto Cervantes no ha llegado, como en Estados Unidos. Trabajar con la Escuela Nacional de Lenguas, Lingüística y Traducción (ENALLT) de la UNAM, para la generación de materiales y certificaciones en lengua española, así como llegar a acuerdos con universidades en el extranjero para ofrecer licencias para cursos, parecido a lo que hacen los Institutos Confucio, de China.

6.      En coordinación con industrias culturales, promover con mayor voluntad a artistas contemporáneos nacionales de todas las disciplinas. Que más que aspirar a una versión de ‘Ola Coreana’ con la industria del entretenimiento, consolidemos una Ola Mexicana de artistas de la talla de Elisa Carrillo, Gabriel Orozco, Alondra De la Parra, entre otros. De igual forma aprovechar el nuevo ‘boom’ del cine mexicano, y explorar distintas plataformas para su difusión, como lo hace la Alianza Francesa con el cine francés.

7.      Potenciar el posicionamiento que ha conseguido la gastronomía mexicana a nivel internacional, de la mano de distinguidos chefs como Enrique Olvera, como aspecto importante de la cultura mexicana.

8.      Finalmente, generar los acuerdos necesarios con la iniciativa privada nacional y extranjera, para que sean partícipes de esta apuesta por la cultura mexicana en el extranjero. Explorando distintos esquemas para financiar estos proyectos culturales; por ejemplo, el Ministerio de Relaciones Exteriores del Reino Unido en ocasiones sólo aporta 30% al presupuesto con el que operan los British Council en algunas sedes, debido a los diversos apoyos que logra sumar*.

Sin duda, este es el momento para emprender una verdadera apuesta por la promoción de nuestra cultura, con una estrategia de Estado que proyecte la diversidad y el dinamismo cultural del México contemporáneo. Hoy se cuenta con el capital político para hacer posible esta apuesta, sólo se necesita la voluntad política para trabajar en las leyes, políticas e instituciones, requeridas para traducir la riqueza cultural del país, en una influencia perdurable en nuestras relaciones internacionales. Ahora se tiene la gran oportunidad de cambiar la forma en cómo otros países nos perciben y para que lo que digan de nosotros, no sean calificativos construidos a partir de estereotipos o de las noticias que transmiten referentes negativos de lo que ocurre últimamente en México. Hoy se nos presenta una coyuntura histórica, en la antesala del siglo XXI, para poder construir nuevos y mejores referentes sobre la grandeza de esta nación mexicana.


Omar Baqueiro




* Las ideas de propuestas en diplomacia cultural aquí recomendadas, no son simplemente autoría de quien escribe, sino resultado también de las experiencias compartidas por expertos que han trabajado y estudiado el tema.