domingo, 31 de mayo de 2009

ENSAYO sobre movimientos sociales


LAS SUBJETIVIDADES COMO CONSTRUCCIÓN DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES PARA LA BUSQUEDA DE LAS ALTERNATIVAS DEL CAMBIO

Jorge G. López P.


Un agradecimiento y dedicatoria a Claudia G. Vivanco;

gracias por trazar en mi vida la esperanza y la lucha.

La esperanza en busca de un mundo mejor y

la lucha en el tiempo y espacio

para reivindicar el sentido común del hombre: la justicia, la solidaridad,

y la verdad.


La tradición de los oprimidos

nos enseña entretanto que el

“Estado de Emergencia” en que vivimos

es la regla.

Walter Benjamin


Hablar de los movimientos sociales en la contemporaneidad de Latinoamérica, en especial de nuestro país, no sólo implica aludir a los conceptos, teorías o simplemente categorizarlos a través de sus características (origen, propósitos, deseos, objetivos, estructuras, etc.), es decir, los movimientos sociales no solo contienen objetividades, sino también guardan subjetividades que hacen o buscan la re-construcción de la reivindicación de la identidad, los derechos, la lucha, la imaginación, los sueños, la utopía, la esperanza propia de los sujetos o individuos.


A primera vista, los movimientos sociales nos dicen que están constituidos por una acumulación de experiencias,-que posteriormente se vuelve en el tiempo historias- originados por el poder, el sujeto y por la misma institución, desde la perspectiva del tiempo y espacio. Esas mismas experiencias son situaciones que nos hacen identificarnos con los otros, -somos iguales-, es decir; hemos vivido, visto, escuchado las mismas atrocidades del gobierno –su forma singular de gobernar con característica neoliberal, autoritario, represivo, etc.- sobre las comunidades indígenas, sobre la sociedad civil u otros grupos que son construidos adjetivamente peyorativos por el gobierno.


Los movimientos sociales –llámese APPO, el mismo Zapatismo u otros movimientos de otras latitudes del mundo- nos encontraremos en su lucha la reivindicación del tiempo y la historia y la memoria (que) son centrales para la esperanza (Holloway; IX, 2005). En la cual los movimientos sociales buscan la re-significación de la verdadera esperanza de construir otro futuro, no un paraíso en el cielo después de la muerte, sino un mundo de dignidad humana aquí en la tierra (Ibíd.), en medio de un ambiente neoliberal.


¿Pero cómo se construye la esperanza? Podemos decir que desde el interior del movimiento social –si es qué es permitido decirlo en la academia; en el área de las ciencias sociales, en especifico en la sociología, enunciarlo en el sentido metafórico: surge desde el corazón mismo del movimiento social-, partiendo desde los puntos conceptuales muy importantes: la imaginación social y/o creatividad social, tomando desde una postura concienzuda, subjetiva y teórica; surgido desde la acumulación de experiencias y desde luego sin dejar a un lado –o retomar- a los conceptos aportados a las –y por las- ciencias sociales en la segunda mitad del siglo XX, como “independencia política”, “orden”, “progreso y desarrollo”, “libertad”, “teología de la liberación”, “democracia”, “todo para todos; para nosotros nada”, “un mundo donde quepan otros mundos”, “mandar obedeciendo” o “caminar preguntando”, en el cual implica una invitación a todos los movimientos sociales aprehender de los conceptos y aprender de ellos –no sólo una nueva forma de resistir en la línea del tiempo y espacio del poder, sujeto y su institución-, sino crear o reinventar conceptos para que validen y revaliden su lucha, su historia, su memoria y su tiempo.


Los conceptos de imaginación social y/o creatividad social, como ya se ha mencionado con antelación, tienen que ver en una correlación conceptual y en oposición a las constricciones materiales determinados. Para definir estos conceptos con claridad, daré una clara definición aportado por las investigadoras de la Universidad de Buenos Aires, Argentina; María Belén Sopransi y Verónica Veloso: la imaginación social es entendida como la posibilidad de proyectar alternativas al orden instituido, mientras que la creatividad social está referida a la expresión de la relación anteriormente señalada (Veloso; 2005:43).


Así, tanto la imaginación como la creatividad social son parte del proceso dialéctico del pensar-hacer. (Ibíd.) En el momento que el movimiento social se caracterice por su imaginación y su creatividad social y por su singular proceso dialéctico del pensar-hacer, se estará creando en la conciencia colectiva la esperanza y eso implica que mientras haya esperanza hay vida, y esa vida no es más que la opción de un cambio en la política, en la economía, y en lo social del tiempo y espacio del país.


Sin embargo, no olvidemos que los movimientos sociales no solo son esperanza y oposición en el tiempo y espacio de la institución, poder y sujeto (gobernante); es la ruptura, es la crisis del tiempo y espacio entre el Estado y sociedad, es en la realidad, la pérdida del valor democrático. Esa crisis que llevan y manifiestan los movimientos en el tiempo también es tiempo, mejor dicho es otra temporalidad, -citando a Sergio Tischler- porque el tiempo es una categoría social, parte constitutiva de una relación social específica (de dominio y lucha) (Tischler; 2005: 18).


De tal suerte, que la nueva temporalidad o tiempo del movimiento social juega en el campo conceptual con el tiempo de dominación –donde la dominación implica duración y niega el tiempo de las luchas fragmentándolas, rompiéndolas y congelándolas en la producción del olvido o en la elaboración del pasado como un tiempo muerto configurado por datos inertes (Tischler; 2005: 36)- del Estado, del neoliberalismo, etc., hasta llegar el punto que el tiempo del movimiento social se vuelva en la crisis de la dominación, que no es más que el rompimiento de esa duración…el rompimiento de la reproducción de la forma de dominio o…la emergencia y producción de otra forma de temporalidad…de un nuevo sujeto social (Tischler; 2005: 18).


¿Nuevo sujeto social? ¿Cómo debe ser el nuevo sujeto social para el cambio político, económico, cultural y social para el país? ¿Acaso estos sujetos de esta temporalidad neoliberalista, represiva, violenta no respondan a las expectativas esperanzadoras ni teóricas para la resistencia y el cambio del país?


Ante estas cuestiones y otras que puedan surgir en el camino del estudio de los movimientos sociales y en la misma vida cotidiana de un movimiento social en el momento de la construcción de un nuevo sujeto social, es imperativo no olvidar las categorizaciones sociológicas, filosóficas, incluso hasta psicológicas; si somos precisos, tenemos la posibilidad de definir a ése nuevo sujeto social dentro del campo conceptual de la subjetividad junto con el tiempo –que anticipadamente se hablo de ello-, memoria, utopía, expectativa, incluyendo la imaginación, conceptos que en el campo de la subjetividad son piezas para armar el rompecabezas de la teoría-conceptual.


Para dar pie a la definición del sujeto social, podemos encontrar otras categorizaciones propias e íntimamente ligadas al concepto –sujeto social- como la historia, la memoria, y la conciencia, en las cuales nos permiten hallar y valorar en el mismo concepto, la emergencia de una nueva constelación histórica de luchas y, en ese sentido, una apertura del pasado desde el acto de transformación del presente (Tischler; 2005: 47).

Precisamente esa nueva constelación histórica de luchas, surgida de la misma acumulación de experiencias y que se encuentra ésta en traducida en historia y a la vez en memoria, conceptos valiosos para la búsqueda (transformación) en el tiempo (presente) perdido la dignidad del (nuevo) sujeto social, como ejemplo tenemos la primera declaratoria del zapatismo: Somos producto de 500 años de luchas: primero contra la esclavitud, en la guerra de Independencia contra España encabezada por los insurgentes, después evitar ser absorbidos por el expansionismo norteamericano, luego por promulgar nuestra Constitución y expulsar al Imperio Francés de nuestro suelo, después la dictadura porfirista nos negó la aplicación justa de las leyes de Reforma y el pueblo se rebeló formando sus propios líderes, surgieron Villa y Zapata, hombres pobres como nosotros a los que se no has negado la preparación más elemental para así poder utilizarnos como carne de cañón y saquear las riquezas de nuestra patria sin importarles que estemos muriendo de hambre y enfermedades curables, sin importarles que no tengamos nada, absolutamente nada, ni un techo digno, ni tierra, ni trabajo, ni salud, ni alimentación, ni educación, sin tener derecho a elegir libre y democráticamente a nuestras autoridades, sin independencia de los extranjeros, sin paz ni justicia para nosotros y nuestros hijos (EZLN; 1994:33).

En el momento que se dio a conocer públicamente la historia zapatista –la historia de negación a los indígenas-, se abrió una nueva constelación de luchas, con un nuevo sujeto social emergente generando un proceso de re-significación de la revolución en general, y particularmente, nos permite generar una nueva constelación que nos vincule con las generaciones revolucionarias que supuestamente perdieron la batalla. (Tischler; 2005: 47). Es decir, este nuevo sujeto social evoca a la historia para su memoria –el recuerdo del otro sujeto social-, para hacer conciencia, para construir en el camino la cosmovisión horizontal y no equivocadamente vertical.


Ahora que estamos aludiendo a la memoria y a la conciencia podemos categorizarlos como conceptos ajenos al mundo externo, es decir, -así como lo he mencionado con antelación y oportunidad a la memoria y a la conciencia son: categorías íntimamente ligadas al sujeto social-, y no podemos entender a la conciencia, si no existiera la opresión y la explotación para darle sentido (Tischler; 2005:68) a la conciencia del nuevo sujeto social pero sobre todo al movimiento social.


¿Por qué la conciencia tiene valor significativo dentro de un movimiento social? Porque la opresión y la explotación son realidades que no pueden ser (solo) entendidas individualmente; como relaciones sociales, son entidades que se entienden a partir de lo colectivo. -Es decir, tomando el mismo ejemplo de la primera declaración del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, o las demandas de la APPO-. No se dice esto me pasó a mí, quién sabe qué les pasó a los demás; se dice esto que me pasó a mí es parte de un nosotros, de una historia común. (Ibíd.) Esto implica no quedarse en cualquier concepto, significa una identidad.


Identidad, no es lo que se queda impregnado y proyectado -lo que somos-, a la realidad, sino también son construcciones de encontrar las huellas de los acontecimientos y de ver la presencia, las supervivencias de ese pasado que legitima actos del presente (Matamoros; 2005: 39) Donde en el presente ( ¿privatización o no de Pemex?, el alto índice de hechos delictivos –incluyendo la guerra contra el narcotráfico y el secuestro- y el alto precio a los hidrocarburos y sobre todo a la canasta básica), los procesos de apropiación del tiempo y del espacio son parte del modelo inscrito en las totalidades de sentido (historia, cultura e identidad) en el interior de la totalidad global (mundialización y globalización de una racionalización).


Hondemos aún más el concepto de movimiento social después de encontrar los elemento podemos encontrarles en sus luchas y reclamos las siguientes tres características de acuerdo con Foucault: a) políticas, en las cuales los sujetos tienden a rechazar y a oponerse a una forma determinada de dominación, sea ésta étnica, social o religiosa; b) económicas, a través de las cuales los sujetos rechazan una forma específica de explotación de su fuerza de trabajo y refutan, a la vez, la relación impuesta por esta forma de explotación entre la fuerza de trabajo y el producto de dicho trabajo (García Canal; 2002: 34).


Y ante el neoliberalismo de hoy, un movimiento social debe entenderse como una manifestación de refutaciones y a la vez un rechazamiento a las formas de subjetividad impuestas por la modernidad a los sujetos y que hacen de ellos sujetos en el sentido literal del término, sujetados, atados, amarrados a una identidad (social, nacional, de grupo o de clase) a la cual se vieron conminados a adherirse (García Canal; 2002: 35).


BIBLIOGRAFIA

Tischler Visquerra, Sergio. “Memoria, Tiempo Y Sujeto”. Editorial ICSYH/BUAP-F&G Editores. 2005. Guatemala.

Veloso, Verónica y María Belén Sopransi. “Contra La Subjetividad Privatizada: La Creación De Lo Colectivo. Praxis Desinstitucionalizadora Desde Los Piquetes.” Revista Bajo El Volcán del Posgrado de Sociología. Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades, BUAP. Año 5 No. 9 2006. Revista Semestral. Puebla, Pue.

Matamoros Ponce, Fernando. “Memoria Y Utopía En México. Imaginarios En La Génesis Del Neozapatismo”. Editorial UV/BUAP. 2005. Xalapa, Ver.


Ponencia presentada en la 2° Semana de la Sociología realizado en el mes de abril de 2009, en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la BUAP en la Ciudad de Puebla.

Sociólogo, estudiante de la maestría de Sociología del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP

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