jueves, 12 de junio de 2008

ENTREVISTA a Carlos Monsivais sobre el estado laico

El Estado laico y sus malquerientes


Entrevista al doctor honoris causas perdidas
Carlos Monsiváis de su nuevo libro El Estado laico y sus malquerientes (Debate/UNAM).

Por Arturo Cano.






Presenta nuevo libro en la Antigua Escuela de Medicina
Quizá más por ingenuidad que por olvido histórico los sectores “progresistas” y/o de izquierda dan por hecho que la derecha no puede ganar batallas contra el Estado laico, pues las ha perdido todas






“Una crónica con pretensiones históricas sobre las vicisitudes del Estado laico” y otra crónica de “todos los intentos de negar, con autoritarismo y no sin violencia, la laicidad”. Es el nuevo libro de Carlos Monsiváis: El Estado laico y sus malquerientes (Debate/UNAM), que se presentó ayer en el Palacio de la Escuela de Medicina, en el Centro Histórico.
En las siguientes líneas, el doctor honoris causas perdidas responde un cuestionario en el cual examina los términos laicismo y laicidad, rechaza la existencia de una “derecha moderna” y desmenuza las confusiones de la izquierda partidaria en torno al tema de su obra.




1. ¿Qué se propuso usted con El Estado laico y sus malquerientes?
R: No sé específicamente qué me propuse, porque las primeras intenciones siempre se ven rebasadas. Sé lo que está allí: una crónica con pretensiones históricas sobre las vicisitudes del Estado laico y, en una segunda parte, una crónica de todos los intentos de negar, con autoritarismo y no sin violencia, la laicidad.




2. ¿Qué es hoy el laicismo mexicano que provoca tantos enconos y diatribas? ¿No es asunto de “jacobinos de época terciaria”, como diría López Velarde?
R: Hay que distinguir entre laicidad, generada por la estructura jurídica del Estado, y por la separación de la Iglesia y el Estado, y laicismo, la movilización crítica que no admite la intolerancia de la derecha y el odio activo contra la secularización. Al respecto, hace todavía unos años se consideraba casi de mal gusto usar el término laicismo, porque la modernidad no lo necesitaba; ahora es básico por la insistencia fundamentalista en “la libertad religiosa”, es decir, y entre otras cosas, en la devolución de los fueros eclesiásticos y en la educación religiosa en las escuelas públicas. Un sector ya sin mayor fuerza social, pero con influencia sobre las elites ha vigorizado la red de formas hipócritas que buscan reintegrar el dúo Estado-Iglesia (con lo que costó agregarle a Iglesia la ese), con todo y financiamiento gubernamental de las diócesis, como se demuestra en Jalisco y no sólo allí.
Por lo demás, esta andanada contra el laicismo no es asunto local o nacional, corresponde a la gran campaña del Vaticano, presente sobre todo en los países de habla hispana, cuyo fin es la recuperación abundante del poder terrenal. Si la feligresía y las vocaciones disminuyen, si crecen las críticas al celibato y a la segregación de las mujeres en el aparato eclesiástico, si resulta tan costoso el impulso de la pederastia, conviene el retorno benéfico a la teocracia. Y el enemigo visible es el laicismo, porque la laicidad es un término infrecuente y no se quiere mencionar a las herejías, vocablo jubilado. Y allí está el laicismo, otro de los peligros para México.







3. Quizá más por ingenuidad que por olvido histórico los sectores “progresistas” y/o de izquierda dan por hecho que la derecha no puede ganar batallas contra el Estado laico, pues las ha perdido todas. ¿Sigue viendo la respuesta de estos sectores como “muy restringida y todavía amortiguada” frente a las intenciones de “devolver a México al Redil”?
R: La izquierda partidista, en este sentido muy distinto a la social y cultural, lleva mucho tiempo separada del debate ideológico. Se dio por muerto al marxismo y se sustituyó a las ideas, nunca muy abundantes, con la obsesión por las posiciones electorales. La evidencia de la secularización le ahorró tiempo a la mayoría de la izquierda partidaria, deslumbrada además con la Teología de la Liberación, un movimiento formidable para nada exento de intolerancia hacia “las sectas”.
Desde las reformas al artículo 130 constitucional, donde uno de los representantes del PRD aseguró que el 68 fue posible por el Concilio Vaticano II, la izquierda partidaria está muy confusa en lo relativo al laicismo. En el plan de la anécdota esto explica la cesión de seis hectáreas del gobierno de Zacatecas ¡a un kínder de los Legionarios de Cristo!; eso explica las esquelas del PRD en el estado de México rematadas con la encomienda al Altísimo por el alma del finado; eso explica la cesión de un gran terreno a la Basílica de Guadalupe por parte del Gobierno del DF, en la etapa de López Obrador. Tal vez se quieran ahorrar dificultades o quizás saludan a la fe de sus ancestros, pero no tienen razón; el anticlericalismo será “de otra época” cuando ya no haya clericalismo. Y por eso ni la izquierda en sus formas variadas había tomado en cuenta la exigencia clerical de privilegios, que no de derechos. Esto se ha modificado ante las pruebas del integrismo galopante. No hay, en lo mínimo contra la fe católica, un clima persecutorio “del callismo”, y la persecución religiosa que persiste es contra los protestantes, pero eso no le importa a la derecha, que cuando demanda “libertad religiosa” se refiere estrictamente al “rescate moral” de la educación pública.






4. ¿Entre los malquerientes del Estado laico se queda usted con los jerarcas católicos o con los secretarios de Gobernación (en materia de aportes declarativos)?
R: Me quedo con todos. A la hora del grafiti verbal, de las grandes frases en los muros de la Patria mía (si un tiempo fuerte ya desmoronado), los obispos y los secretarios de Estado son igualmente memorables, aunque el actual secretario de Gobernación es más contratista que ideólogo. Pensándolo bien, los obispos son invencibles, porque son más, no tienen otros temas y proceden como si no existiese la realidad, y en su lugar estuviese un eterno catecúmeno.







5. La dictadura de Porfirio Díaz es “la gran simulación” donde el laicismo se va arrinconando, afirma usted. Los malquerientes del Estado laico afirman que justo de eso se trata: que vivimos una gran simulación y que lo único que hacen los gobernantes del PAN es llevar al espacio público lo que los priístas hacían a escondidas.
R: No sé de qué hablan estos malquerientes. Si por gran simulación se entiende proceder como si se actuase con honradez y conforme a los designios de Dios, así es en efecto. Pero, ¿a qué político, del Presidente de la República en adelante, se le critica por sus creencias? La crítica se dirige a la imposición de sus creencias. Como los funcionarios encumbrados (digámosles así) necesitan probar su pertenencia a la burguesía, la única clase políticamente correcta en materia de buenas costumbres, se rodean de clérigos, certifican su cercanía con los obispos y se felicitan por la actitud piadosa en sus mujeres y la no tan ocasional militancia de sus hijos en alguna corporación religiosa. Y esto no ha motivado la crítica necesaria, porque incluso algunos izquierdistas de antaño se enfurecen por el análisis de la derecha, ya que en su lógica lo único censurable es la izquierda.
Ahora, si a lo que se refieren los malquerientes es al abuso del presupuesto a favor del clero y las organizaciones integristas, o al llenar todos los espacios posibles de la burocracia con gente de derecha, mientras más extrema mejor, ahí sí se puede hablar de una gran simulación.







6. ¿Son claramente diferenciables en el partido en el poder los representantes de la derecha moderna de los “meones de agua bendita”? (Gómez Morín citado por Germán Martínez).
R: “La derecha moderna” es un invento curioso, una joya de las fantasías ideológicas. Así como es inconcebible el neoliberalismo libertario, tampoco se concibe una “derecha moderna”. ¿Dónde están las pruebas de su existencia? ¿Alguien podría señalar qué es “lo moderno” de los alcaldes y gobernadores panistas? ¿Cómo calificar su homofobia, su clasismo, su racismo, su oposición a la despenalización del aborto, su veneración por todas las causas neoliberales, su desprecio por la cultura? A diario, esa “derecha moderna” se vuelve más anacrónica. Ignoro qué fue el conservadurismo extremo en la época de Gómez Morín, pero lo imagino mucho menos empresarial, y ahí sí se advierte una diferencia.







7. ¿Puede hablarse de un triunfo definitivo del Estado laico en tanto en los bares los tríos sigan cantando la versión dulcificada de “La gloria eres tú”? ¿Sigue sonando a herejía Miguel de Guevara?
R: Usted se refiere al éxito del clero mexicano al lograr que se modificase la letra de “La gloria eres tú”, de José Antonio Méndez. En el original decía: “Desmiento a Dios porque al tenerte yo en vida/ no necesito ir al cielo tisú”, y quedó de este modo: “Bendito Dios, porque al tenerte yo en vida/ no necesito ir al cielo tisú”, con lo que la herejía persistió. También, el “No me mueve mi Dios para quererte/ el cielo que me tienes prometido…” de Fray Miguel de Guevara ya sólo suena a poesía. Y la secularización está en todo, incluso en los análisis estructuralistas de los evangelios, donde Cristo es el significante y la cruz es el significado. Este es un tiempo secular y no dejará de serlo, y éste es un triunfo definitivo del Estado y de la sociedad laica.







8. La escuela pública si laica mucho peor, dicen sus detractores. ¿Le provoca alguna esperanza la recientemente firmada Alianza por la Educación? ¿Taparán al fin los agujeros de la coladera?
R: Según informes muy recientes de la OCDE, la enseñanza privada no es mejor que la pública, y hay momentos donde resulta peor. Pero la pregunta que usted hace es distinta. Se trata de saber la relación entre la laicidad y la burocracia sindical. Alguna debe haber y la hubo no sin grandes contradicciones hace todavía 40 años. Ahora, la burocracia sólo se relaciona con su longevidad y su proyecto de permanencia; tal vez en una próxima rencarnación sindical las cosas cambian. Pero hay algo seguro: el laicismo y la laicidad son ya hechos irreversibles que nadie, sensatamente, querrá modificar, y nadie, con la insensatez del caso, logrará modificar.







9. ¿Cuál ha sido la evolución del “alcalde panista” y qué futuro le espera a esta especie dadas sus sucesivas derrotas (no electorales necesariamente)?
R: El alcalde panista no puede evolucionar, estaría en contra de su naturaleza que ellos consideran irreprochable y no modificable. No puede evolucionar porque siempre está al tanto de la salud moral de los ciudadanos a los que deben llamar “feligreses que votan”.







10. “El laicismo realmente existente tiene mucho de fantasma político y de obsolescencia ideológica; no escapa a los alcances de la ineficiencia burocrática y expresa también la comodidad social y gremial. Si el laicismo pretendía históricamente establecer linderos entre poderes –terrenales todos ellos– falló en su propósito de contribuir plenamente a la democracia y creó o alimentó sus propios enemigos: el agnosticismo irracional, la ignorancia o desprecio por los asuntos humanos, los fundamentalismos político, religioso y cultural” (Bonifacio Barba, profesor de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, en reseña de la obra donde Pablo Latapí propone el concepto de “laicidad abierta”). Extensa cita que da pie para preguntar: ¿es el laicismo un fantasma político obsoleto?



R: Más obsoleto me parece, en materia de guardarropía de los conservadores de principios del siglo XX, el párrafo del profesor Bonifacio Barba. ¿Qué hay de fantasma político en las reacciones de una gran parte de la ciudadanía de Guadalajara contra el derroche clerical del gobernador? ¿Qué hay de “obsolescencia ideológica” en la defensa del artículo tercero constitucional? ¿A qué se refiere si es que a algo cuando habla de “agnosticismo irracional”? ¿Cuál es el agnosticismo racional? El señor Barba lanza abstracciones pomposas sin pruebas, algo parecido a un alegato jabonoso. Y en cuanto a la laicidad abierta, si por ésta se entiende la educación religiosa en la educación pública, sería más bien una laicidad tan cerrada que se parecería sospechosamente a las preguntas y respuestas del Catecismo del Padre Ripalda.




11. ¿Es la educación laica un terreno infértil para la formación cívica y ética? O, más aún, ¿es imposible la coexistencia de la educación laica y la formación moral?
R: Hasta el momento el país ha vivido dentro de la plena coexistencia de la educación laica y la formación moral. Esto no ha sido perfecto, como tampoco la educación religiosa en la enseñanza privada ha formado obligatoriamente empresarios escrupulosos y funcionarios aptos y probos. Suponer que no hay formación moral sin los rudimentos, por lo común mal enseñados de la Doctrina, es atribuirle a la tradición del siglo XVII o, si se quiere, del Cinturón del Rosario en el siglo XX, la preparación tecnológica para entenderse con el Internet.

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