jueves, 1 de noviembre de 2012

CRÓNICA de Día de Muertos



Festejo de Día de Muertos en casa de la Abuela
Orazio Barmez

Uno siempre vuelve a los viejos sitios donde amo la vida”

La memoria está llena de grandes imágenes recuerdos puros de la niñez, en las fiestas de día de muertos es inevitable dejar de recordar tantos momentos que pasé con mi familia en estos festejos, desde la preparación donde todos participan, ritual que deja ese sabor a nostalgia y alegría de reencontrarse simbólicamente con los seres que ya no están con nosotros. La alegrías de los vivos de volver a sentir cerca a quienes ya partieron, a los que ya no se puede abrazar, ni esperar regaños, consejos y carcajadas, pero en estos días la nostalgia y la felicidad se mezcla para poder convivir de alguna manera más cerca y sin miedo con los muertos, nuestros familiares y amigos cercanos. 

Desde meses antes comienza la preparación para poder recibir el día de muertos, mi abuela viaja a San Antonio hacer las compras de papel, cera, alambre y demás artículos que serán los que adornen y vistan los altares y tumbas. Las coronas se hacen con papel bond de diferentes colores, recortan en forma de pétalos de diferentes formas y arman las flores de papel, estas son pasadas por cera liquida caliente para que queden completamente enceradas y brillen a la vista, les espolvorean escarcha en el centro y simulan ser flores de plástico, de ahí las colocan cuidadosamente en aros que se entrelazan en la circunferencia, se sujetan con alambre hasta formar una corona ovalada, la cubren con papel celofán y entonces queda lista para poder llevarla al panteón y colgarla en la tumba del ser querido.
La temporada de naranjas se hace presente, en algunas casas se percibe un olor a cítricos, la fruta principal que adorna los tenates en los altares de muertos, naranja malta en cada ofrenda. Alguna vez mi abuela contó que los niños que mueren sin ser bautizados son quienes acaparan esta fruta dulce en sus gajos, suave de su cascara y fácil de descascarar o pelar, entre risas y juegos los niños difuntos se lanzan las semillas de esta naranja, pues en cada gajo siempre tiene 4 o más semillas, los difuntos se divierten mientras regresan al panteón con sus ofrendas. El clima cambia de pronto, grandes nubarrones cubren el cielo y el aire se torna fuerte y frío, eso indica que se marcha el mes de octubre, sus últimos días son nublados y tristes, como si estuvieran de luto coincide exactamente este cambio climático con la celebración del día de muertos que se festeja en México. En el poblado de San Julián que se encuentra en los límites la región veracruzana de las grandes montañas y el comienzo del Sotavento, el clima se repite cada año casi de la misma forma.

La gran mesa del comedor de la Abuela se desmantela y sobre ella comienzan hacer la mezcla de harina y todos los ingredientes para preparar el Pan de Muerto, el horno se limpia y colocan trozos de leña para encenderlo y esté listo para hornear los figurines de harina. Las tías corren con latas de aluminio y se colocan alrededor de la mesa junto con mis primos para hacer bolitas masa de harina y de ahí dar forma a los figurines, el ingenio siempre motiva a todos los participantes, calaveras, cuerpos, moños o simplemente formas únicas se colocan en las tablas de aluminio y se deja reposar para luego hacer filas, como hormigas de la casa a donde está el horno y se van metiendo en esa gran boca de fuego, el olor se esparce por todo el ambiente, pan recién horneado muy pronto acompañara la mesa junto a una tasa de chocolate que ya está en el fogón. Hay un árbol de limas cerca del horno, los primos y yo esperamos trepados para ver la primera lata de aluminio que sacan del horno y ver ese esponjoso pan. 

El ritual de día de muertos inicia con la muerte, si, con la muerte de los pollos y guajolotes que serán las principales guarniciones para preparar los platillos y colocarlas como ofrendas. La cocina de la Abuela en estos días se mantiene con el fogón encendido, hoyas y cazuelas evaporan olores que provocan que el estomago cante gruñendo; mole, tratonile, tamales, calabaza son de los platillos que siempre se cocinan y es que no solo son ofrendas para los muertos sino más bien es comida para los muy vivos, que como siempre se reúnen a la mesa para dar una gran merienda hasta que la gula o los estómagos ya no den para más, sobre la mesa siempre salen las anécdotas de quienes aun con vida recuerdan aquellos que se adelantaron, risas y bromas en la sobremesa.
El abuelo como cada año al desmantelar el altar de muertos se queda con los arcos que son los pórticos del altar adornado con flores de cempasúchil (o flor de cuatrocientos pétalos o flor de muerto), marchitas y un poco secas se junta toda esa flor y se guarda en algún saco hasta que ya está muy seca y meses después elige un espacio en su parcela para que pueda regar las semillas y el siguiente años haya flores para volver adornar el altar. Primos, tíos y el abuelo nos dirigimos al lugar donde rego las semillas de flor de muerto, para encontrarnos con jardines de color amarillo y entonces a cortarlas todas, rollos y rollos para poder armar el altar de la abuela.
Velas, cirios papel china cortado, flor de muerto, foto y un arco de alguna rama de árbol delgada, los principales elementos para armar el altar, lo primero será empotrar el arco frente al altar simulando un gran pórtico cubierto por flores cuidadosamente colocadas, un mantel blanco y en forma de tapetes el papel china picado, la foto de los fallecidos, velas y cirios colocados en un tronco de árbol de plátano que estará al frente del arco del altar y lo más importante el copal para asustar a los demonios y los difuntos puedan tomar sus ofrendas sin ser molestados. El altar se monta desde el 31 por la noche para que el día 01 de noviembre los niños que no fueron bautizados porque nacieron muertos puedan llegar a tomar su ofrenda. La abuela corre de la cocina a la sala para supervisar y cuidar los detalles de su altar, uno que otro regaño a mis tías por que la abuela es muy buena gente pero su perfeccionismo hace que en estas circunstancias exija exactitud, perfección y rapidez. Cuando por fin logra quedar el altar montado entonces vienen las ofrendas, no sin antes pedir que se haga una cruz y camino con pétalos de la flor de muerto, desde la entrada de la casa hasta casi la calle más próxima, para que los familiares difuntos puedan ver el camino y no se pierdan en otras casas, pues a estos no se les permite salir todos los días ni por mucho tiempo deberán. Las ofrendas para los niños son dulces, chocolates, sus juguetes si aún se conservan o algún juguete nuevo, tamales de dulce,  fruta y siempre un vaso con agua. La se segunda mejor parte de este festejo es el intercambio de ofrendas con la familia, en los tenates se hace trueque de ofrendas con otras familias, cuando niño lo mejor del trueque eran los dulces y chocolates.

Estos días de celebrar los muertos nos ayudan a entender que nuestro paso por este mundo es muy rápido, un destello que se apaga lento y rápido de ahí que la muerte sea la gran conciliadora de nuestros miedos. Para los muertos se dice es importante los recordemos en estas fechas, es una forma de seguir conservando en la memoria aquel lazo que nos unió a ellos y que donde quiera que estén siguen presentes con el mismo cariño.

@oraziobarmez

Fotos tomadas de Internet

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