lunes, 1 de febrero de 2010

REFLEXIONES filosóficas sobre la categoría de héroes


Héroes

Por José Guevara

A través del tiempo, la humanidad ha tenido héroes, algunos mitológicos, otros muy reales. Cabe preguntarse si todos los héroes son considerados como tales por las mismas razones. Y, desde luego, cabe preguntarse si algunos son realmente héroes o todo lo contrario.


Aplicando la ley del menor esfuerzo de pensamiento, diremos que depende de que lado estemos, es que consideremos que tal o cual individuo es un héroe. Y esta no es una cuestión trivial. No olvidemos la polémica actual en torno al terrorismo y los terroristas, donde un Ronald Reagan afirmaba (con no se qué autoridad moral) que era falso que el terrorista de unos es el héroe de otros, pues a su juicio ningún terrorista es un héroe. Habría que preguntarle, quiénes son terroristas a su juicio. Pero sería una pregunta incómoda. Podría ser él mismo considerado un terrorista, siendo que él muy cómodamente (nuevamente la ley del menor esfuerzo de pensamiento) se considera todo un héroe al haber colaborado en derrumbar “el imperio del mal”, ahora sustituido por “el eje del mal”.


Quiero referirme a aquellas personas que considero como héroes por algunas características que creo muy carentes en casi toda etapa de la historia humana. En primer lugar, son quienes no son seducidos, atemorizados ni motivados por todo aquello ante lo cual las mayorías responden tan predeciblemente. Me parece que esta característica es fundamental y creo yo, la más difícil de encontrar. Esto es, un espíritu genuino y original.


Recuerdo haber leído una parábola china en la cual un viejo y sabio maestro le indica a su único discípulo que la fama, la gloria y el dinero son siempre codiciables por todos los hombres. Sin embargo, explicaba el maestro, el deseo por el dinero es el más controlable, mientras que la ambición de fama y gloria es prácticamente la que domina a todos sin excepción. Proseguía con algunos ejemplos, en los cuales intentaba orientar al discípulo en no ser engañado por la falsa modestia ni por posturas falsas de maestros predicando austeridad y sencillez, quienes en realidad son personas dominadas por el deseo de reconocimiento y aplauso de los demás, aunque no necesariamente de dinero.


Cuando leí aquella parábola, pensé que estaba errada. Es el dinero lo que mueve a las personas. Es esa ambición materialista que domina a todos y no parece tener límites. Con el tiempo ya no estoy tan seguro, me empiezo a inclinar a pensar con el maestro chino de aquella parábola.


Me viene a la mente Sócrates, de quien se dice que nunca escribió un solo libro, ni una sola página. O Jesucristo, de quien se dice, tampoco nunca escribió nada. Y también recuerdo palabras del Rey Poeta, Nezahuacóyotl quien, aunque sí escribió, parece haber dicho algo así como “¿nada dejaré en pos de mí? Al menos cantos, al menos flores….” No me queda muy claro si con tales “cantos y flores” se refería a sus poemas y canciones, o si se refería a la felicidad de su pueblo. Me parece que estos personajes de la historia que he mencionado, como algunos otros, pensaban menos que nada, en la fama y en la gloria, menos aún en la fortuna.


También recuerdo haber leído palabras de Sor Juana Inés, diciendo, más o menos lo siguiente “… me causa más contento poner riquezas en mi pensamiento, que mi pensamiento en las riquezas”. Creo que ella, al igual que otros, no pensaba ni en fortuna ni gloria.


De quien se decía que era un Sócrates enloquecido, Diógenes, también queda claro que no sólo no buscaba ni fama, ni gloria ni fortuna, sino que las despreciaba, le fastidiaban y las detestaba. La anécdota (cierta o no) de Diógenes ordenándole a Alejandro Magno, el conquistador ávido de fama, gloria y fortuna, “hazte a un lado, que me cubres la luz del sol” me parece también significativa. Y qué decir de la anécdota de su famosa linterna, con la cual simulaba ayudarse en buscar hombres honestos durante el día y la noche, por todas las calles de su ciudad.


Hay en todos estos (y muchos otros que no menciono por ignorancia y por intentar ser breve) una característica fundamental que a mis ojos los convierten en héroes. Es su total desprecio hacia lo mundano. Es su motivación muy otra de la común. Es su honestidad no institucionalizada, sino libre. Es su insumisión ante los poderes de la seducción. A mi juicio esta característica es la más importante, la base de todas. Sus deseos y pasiones no son fabricados externamente y después insertadas, sino genuinas, íntimas y posteriormente expresadas, a veces con vehemencia, pues les desbordan y no pueden vivir más que siendo ellos mismos.


Desde luego, de todo esto ya se ha hecho una caricatura, integrando a los héroes al sistema de hiperconsumismo. Ahora parece que adquiriendo tal o cual producto, nos comportamos como héroes. El primer argumento es que al adquirir tal producto, lo hacemos libremente. Pero no es todo. Un segundo argumento nos asegura que ese producto publicitado es, en verdad, algo diferente cuya posesión es una vía de expresión de nuestra autenticidad, de nuestro carácter genuino, de nuestra inteligencia creativa y de que seguimos los dictados de nuestro corazón y la sabiduría de nuestra cabeza. Más aún, un tercer argumento nos seduce al sugerir que al adquirir tal producto expresamos nuestra más libre y soberana actitud. Somos, en verdad, unos auténticos rebeldes al adquirir el último Gadget.


Es precisamente el héroe, quien no es seducido por estos tres argumentos falaces (ni por ningún otro) el que nos sirve de referencia. Pero ahora se le ha convertido en un paria, en un marginal. Y de nuevo, se caricaturiza al paria, al marginal. Y ahora algunos parias o marginales piensan que son un héroes caídos y que algún día se les reconocerá. Es cuando recuerdo unas palabras de Ortega y Gasset en las que decía más o menos así “el mal músico y el mal poeta intentan compensar con una melena y una chalina”. Y aquí también recuerdo al maestro de la parábola china, indicando a su discípulo que no se deje engañar por aquellos falsos maestros que sólo buscan el reconocimiento.


No he acudido a muchos congresos, coloquios, mesas redondas ni conferencias, pero de las pocas experiencias, he quedado con la impresión de que lo que en el fondo se trata es de ver quién apantalla a quién. Esto es, el tema central de la reunión es, más que nada, un instrumento, un arma, un pretexto. Parece que aquí no se busca la verdad, sino el prestigio, lo cual trae fama y gloria. Desde luego, no pretendo haberlo visto todo ni saberlo todo, ni conocerlo todo. No en todas partes ni en todo momento las cosas se desarrollan igual. Y hay ciertamente personas genuinamente interesadas en la verdad, independientemente de que sus descubrimientos y aportaciones signifiquen “el Nóbel” o no.


Y aquí creo que he de mencionar otra característica de aquellos que considero héroes, y es la búsqueda de la verdad. Tal vez sea que la búsqueda de la verdad es la consecuencia del espíritu genuino y auténtico. El que siempre busca la verdad no puede ser engañado mucho tiempo. Más aún, no puede engañarse a sí mismo mucho tiempo. No en cuestiones fundamentales. De aquí que tenga que ser como sí mismo y no como se espera que sea. Porque ser como no se es no es una actitud verdadera. Es deshonesto.


De este modo es interesante conocer, aunque sea en una pincelada, la vida de algunos héroes. En México mencionaré aquellos que mi ignorancia me permite. Belisario Domínguez, médico que atendía en comunidades empobrecidas de Chiapas. No lo hacía simplemente por noble y buen corazón, sino porque era una actitud verdadera. Pues verdadero es que todos los hombres merecen vivir sanos y felices. Luego entonces, hagamos de la verdad una realidad. Belisario hizo realidad una verdad. Es un héroe indiscutible. No buscaba la fama, aunque la obtuvo pues fue muy querido en sus comunidades. No buscaba el dinero, aunque parece que no le faltaba. No supo callar la verdad y fue asesinado. Esto es no simplemente un ejercicio de valor civil. Mucho antes que ser indoctrinados por un ortodoxo “no te calles, alza la voz (voz, pero de las empresas)”, Belisario denunció al gobierno en turno, no por un ejercicio de hueca honestidad civil y política (que muchas veces sólo son estrategias políticas para poner zancadillas a los adversarios), sino por un acto de congruencia con sus objetivos.


Hablemos también de Leona Vicario quien no obstante pertenecer a una familia bien acomodada, se unió a la causa. Este desprendimiento es de lo más trascendente. Es simplemente un acto de congruencia con uno mismo. Es el no ser seducido por lo que seduce a las mayorías doblegadas. Recordemos a la Corregidora, a Hidalgo. No son héroes por habernos dado “Patria y Libertad”. Son héroes porque no supieron ser borregos. Aún cuando su lucha fracase o sea no más que un sueño roto, ya son héroes, porque todo héroe tiene que comenzar siéndolo en sí mismo, independientemente de los resultados de sus acciones.


Y ahora pensemos en los hermanos Flores Magón. ¿Cómo olvidar su tendencia hacia el anarquismo? Demasiado avanzados para un país demasiado atrasado. Su solidaridad con la Revolución Mexicana, a pesar de que sabían que no se estaba llevando a cabo de la mejor manera, habla de su desprendimiento de cualquier ambición de líder prestigiado. Su entendimiento de la revolución bolchevique. Para todo hombre intelectualmente honesto, era claro que no se estaba llevando por el mejor camino. Aún así se solidarizaron y se alegraron del triunfo. El mismo Lenin sabía y conocía el riesgo de lo que estaba haciendo pero no quiso dejar pasar una “oportunidad histórica” a pesar de que sabía bien que “los verdaderos comunistas cabemos en sofá”.


Y en la América Latina tenemos a Bolívar, quien se desprendió de una familia criolla y acaudalada para iniciar la liberación de varios países. Él, que lo tenía todo, renunció a todo. No era esclavo de las cosas, ni esclavo de su ilustre apellido de alcurnia. Ni esclavo del prestigio conferido por nacimiento. Seguimos con Fidel Castro y el Che Guevara. Renunciando a todo por un ideal. El Che renunció al menos dos veces a todo Y no es que el mundo entero deba tomar las armas, pero es sorprendente constatar que el mundo ya no tiene ideales. Y hablando de América Latina, no puedo dejar de mencionar al pueblo de Cuba. Cuba es un lugar donde no hay Coca Cola, ni McDonalds, ni grandes centros comerciales. Esto es ya una característica fascinante por sí misma y por las implicaciones que conlleva. Aunque no es un paraíso, es una mejoría que las personas se levanten cada mañana a su trabajo, no para ganar dinero para comprar la pantalla de 40 pulgadas ni el Gadget más sofisticado. Es una avance magnífico que en una sociedad no exista la comida rápida, la comida chatarra. Tan sólo por eso, ya es un país digno de reconocimiento. Dirán que los cubanos se levantan temprano para ir a trabajar por hambre, porque el dinero no alcanza. Cierto. Sin embargo el pueblo Cubano no está, en su mayoría, seducido por cosas innecesarias. Su situación no es buena ni disfrutable en modo alguno, pero la opción que les quieren vender es peor.


Haríamos una lista más o menos abultada. Y desde luego, se nos diría “sí, pero tal o cual fue un asesino, etc, etc”. He querido aproximarme a estas figuras, no tanto por lo concreto de sus actos, reprobables en muchos casos. He querido adentrarme en la génesis del héroe. Esto es, ahí donde nace un ser que no puede ser otra cosa que él mismo. Aquél que no puede hacer algo que le inducen los medios de seducción masiva. Aquél para quien las palabras aduladoras son huecas o simplemente son un zumbido molesto. Aquél para quien la fama y la gloria son despreciables. Por consiguiente, los títulos, condecoraciones, galardones y demás no son más que un espectáculo torpe y un tanto infantil donde unos y otros se engañan, como en una danza de disfraces.


Después de todo esto, me pregunto si en estos tiempos es posible ser héroe, cuando vivimos bombardeados de imágenes seductoras. Cuando es tan difícil pensar por uno mismo, por dos razones: Una es que cada vez la vida es más compleja; la otra es que alguien ya pensó por nosotros y nos ofrece su solución. Esto es como quien compra una sopa enlatada. Ya no necesitas hacer nada. Es como cuando se le aconseja a un joven: “estudia esta carrera, es la más rentable”. Ya todo está dicho, sólo hay que seguir a los expertos.


Ahora bien, pienso que cualquiera que no es seducido, que no es atemorizado, que no codicia lo mismo que las mayorías, ya es un héroe. Aquél que se aparta de la vida de consumo y de la estulticia y el temor a sentirse “inadecuado”, ya es un héroe. Aquél que actúa no por miedo, sino por genuina convicción, ya es un héroe. Ojalá esa persona haga algo positivo con su status heroico. Es esta, creo yo y según lo entiendo, la diferencia que establece Erich Fromm, en cuanto a la “libertad de” con respecto a la “libertad para”. Soy libre de ser un esclavo de las voces externas….. Ahora he de ser libre para construirme a mí mismo en base a esa libertad….


Foto: Alecs Ortiz


http://www.flickr.com/photos/--alecs/3544297938/


3 comentarios:

Nancy Ortiz dijo...

No en vano la figura mitológica que nos representa hoy en día es Narciso. Es relativamente fácil renunciar al dinero, pero que difícil es renunciar a la gratificación del reconocimiento.

Hoy en día (casi) nadie hace nada sino está frente a una cámara de vídeo o una fotográfica o no está de por medio algún programa oficial. La gente se conduele de los niños del TELETÓN, pero son incapaces de hacerlo por sus vecinos y como este ejemplo se pueden dar miles. Gracias por el texto. Saludos.

Anónimo dijo...

exelente acercamiento a la realidad añorada, pero, cúál es la razon de ser del heroe quimicamente puro, acaso la historia debe teñirse de sangre para ser verdadera, o basta con escribir bonitos ensayos y esperar a que algo pase, me atrae la idea de libertad de este blog y la participación expontanea sus asiduos lectores y cuando tendremos un heroe en nuestro méxico aún más en nuestro veracruz, que se rinde ante un carnaval, envilesido por la pobreza de la cultura que solo exhibe lo que no es veracruz, gracias por el espacio y debemos ser moralmente verdaderos,

adrian dijo...

Tal vez, tal y como lo diría toureine, solamente somos un engranaje más de la gigantesca maquina que es la globalización (como causante de nuestras quejas) y muy poco (o nada) podemos hacer para cambiarlo.
Sin embargo, a pesar de no conseguir cambiar el status quo, me aferro a la rebeldía propuesta por Camus, y ya no es la felicidad lo que busco, sino simplemente la congruencia.
Al final, solamente quedará la sensación de que hiciste lo correcto, y no habrá adulaciones, no habrá méritos, no habrá vanidad (muy probablemente uno se encuentre con lo contrario: desempleo, prejuicios, destierro o cárcel)
Así lo concibo: un poco trágico el asunto...
Como diría Enrique Serna: en Mexico hacer lo correcto es pagado con todo el peso de la ley.